Jesús tomó a
Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte a un monte alto. Para cuando terminaron
de subir el monte, los discípulos estaban rendidos. Fue sólo a través de un
gran esfuerzo que lograron mantenerse despiertos para orar junto al Maestro. ¡Y
qué bueno que lo hicieron, porque si no, se habrían perdido algo glorioso!
Entre tanto que Jesús oraba,
su apariencia cambió delante de ellos. Su rostro resplandeció como el sol. Y sus
vestidos se volvieron extremadamente blancos, como la luz. Junto a él
aparecieron dos varones rodeados de gloria – Moisés y Elías – hablándole de su
partida y de lo que Jesús iba a cumplir en Jerusalén.
Cabe aclarar que tanto Moisés
como Elías fueron tremendos hombres de Dios que no conocieron la muerte – al menos
no en un sentido convencional.
Después de trasladar el
mando a Josué, su sucesor, Moisés subió desde los campos de Moab hasta el monte
Nebo, frente de Jericó. Allí el Señor le mostró la tierra prometida. Moisés murió
y el Señor lo enterró en el valle. El diablo luchó por quedarse con el cuerpo
de Moisés, probablemente para convertirlo en un ídolo para hacer tropezar a los
israelitas, pero el arcángel Miguel no se lo permitió. Hasta el día de hoy
nadie conoce el lugar donde fue sepultado Moisés. Así como él hizo a los
israelitas cruzar el Mar Rojo en seco y los guio por el desierto, Josué haría a
los israelitas cruzar el río Jordán en seco y los guiaría en la conquista de la
tierra prometida.
Elías sabía que Dios lo
llevaría consigo, y trató de deshacerse de su siervo Eliseo una y otra vez. Pero
Eliseo también sabía que su maestro le sería quitado, y no estaba dispuesto a
dejarlo ir así tan fácil. Junto al río Jordán, Elías golpeó las aguas con su
manto, y las aguas se abrieron, y los dos cruzaron el río en seco.
- ¿Qué
quieres que yo haga por ti? Pídeme lo que quieras antes de que me separe de ti.
- Te
ruego que me des una doble porción de tu espíritu.
- Me
pides algo muy difícil. Pero te será concedido si logras verme cuando sea yo
separado de ti. De lo contrario, no se te concederá.
Mientras caminaban,
apareció un carro envuelto en llamas con caballos de fuego, y los separó. Inmediatamente,
Elías ascendió al cielo en un torbellino. Eliseo vio subir a su maestro, por lo
que recibiría la doble porción que pidió – que realmente se refiere a que, de
entre todos los profetas que Elías entrenaba, Eliseo quería el honor de ser su sucesor.
De hecho, Eliseo recogió el manto de Elías y con él golpeó las aguas del
río Jordán. Las aguas se abrieron, y Eliseo cruzó el río en seco y procedió a
dirigir las compañías de profetas de Israel.
Los discípulos estaban
espantados con la transfiguración que presenciaban. Sin darse cuenta de lo que hablaba,
Simón dijo a Jesús:
- Maestro,
¡qué bueno que estemos aquí! Haremos tres chozas; una para ti, una para Moisés,
y una para Elías.
En ese momento los
cubrió una nube y les hizo sombra; y tuvieron temor al entrar en la nube. Desde
la nube salió una voz que decía:
- Este
es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. ¡Escúchenlo!
Al oír esto los
discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. Acercándose Jesús,
los tocó y dijo:
- Levántense.
No tengan miedo.
Cuando alzaron la
mirada, no vieron a nadie más que a Jesús.
Descendiendo del monte,
Jesús les mandó que no dijesen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo
del Hombre hubiese resucitado de los muertos. Pero ellos se preguntaban qué
sería aquello de resucitar de los muertos. Y mientras hablaban de cómo en Juan
el bautista se había cumplido la profecía de Malaquías – que el espíritu de
Elías vendría primero y restauraría todas las cosas – pero que lo habían
asesinado, y de cómo era necesario que también el Hijo del Hombre padeciera, parece
ser que a Simón, Jacobo y Juan les pasó por alto la implicación de lo que
acababan de presenciar. Pues así como Moisés y Elías fueron llevados después de
encargar la culminación de su misión a sus respectivos sucesores, a Jesús
también se le acercaba el tiempo de partir.
Por eso había entrenado a sus discípulos.
Por eso había entrenado a sus discípulos.

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