Wednesday, December 23, 2015

Epílogo

Sin duda alguna, Jesucristo vino para darnos vida eterna a TODOS los que creamos en él. Pero lo hizo conforme a un plan. Vino primero a los judíos, para después ser predicado entre los gentiles. Sus primeros doce apóstoles fueron enviados “a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Simón Pedro era uno de los doce. Y si bien fue enviado donde Cornelio como testigo de la primicia del derramamiento del Espíritu Santo entre los gentiles, realmente es considerado un “apóstol a los judíos”.

Pablo, por otra parte, es un “apóstol a los gentiles”. Aunque haya sido un fariseo celoso del judaísmo antes de conocer a Jesucristo, y a pesar de que acostumbraba predicar primeramente a los judíos cuando entraba a un nuevo territorio. La revelación que el Espíritu Santo nos entregó a través de Pablo nos ha sacado de oscuras cárceles de ignorancia y nos ha librado de caer en pozos profundos de error.

En su carta a la iglesia de Galacia, Pablo escribe del respeto mutuo que él y Pedro tienen por las labores del otro. “[Jacobo, Pedro y Juan], que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los no judíos, y ellos a los judíos.”

Pero posteriormente hubo un incidente desagradable cuando Pedro fue a Antioquía – el territorio de Pablo. Resulta que durante su visita, Pedro comía tranquilamente con los gentiles. Esto es, hasta que llegaron “algunos de parte de Jacobo”. Después de eso, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los partidarios de la circuncisión. (Para los judíos es abominación comer con gentiles. Creen que se contaminarán y quedarán ritualmente impuros, excluidos temporalmente de la asamblea.) Hubo otros judíos, incluyendo a Bernabé, que también fueron arrastrados a esta hipocresía. Entonces Pablo, viendo que no andaban rectamente y conforme a la verdad del evangelio, le reprochó a Pedro delante de todos:
            - Si tú, que eres judío, no vives como los judíos sino como los gentiles, ¿por qué obligas a los gentiles a hacerse judíos?

No sabemos con certeza cómo terminó la escena. Pero podemos notar en la segunda carta de Pedro el respeto que tiene por Pablo y cómo reconoce su autoridad:
Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición.
2 Pedro 3:15-16

Según la tradición, Pedro y Pablo ambos enseñaron en Corinto y en Italia. Y ambos sufrieron martirio bajo el tiránico emperador Nerón alrededor del mismo tiempo. En el año 64, Pedro fue crucificado – se dice que pidió ser crucificado cabeza abajo por no considerarse digno de morir del mismo modo que Jesús. En el año 67, Pablo fue decapitado – se presume que fue eximido de morir crucificado por ser ciudadano romano. Ambos murieron por su fe en Jesucristo y por predicar el evangelio.

Cada quien tiene un propósito en esta vida, pero nadie es absoluto. Nuestros diseños individuales son sólo parte de un diseño maestro. Nos guste o no, estamos interconectados. Lo que recibimos, hemos de desarrollarlo a lo mejor de nuestra habilidad y conforme a nuestro diseño individual. Para luego devolverlo – transferirlo a aquellos que lo requieran para seguir desarrollándolo según su diseño individual. Pablo podrá tener más epístolas que Pedro, pero él mismo escribe acerca de su propio apostolado: “A decir verdad, yo soy el más pequeño de los apóstoles, y no soy digno de ser llamado apóstol porque perseguí a la iglesia de Dios.”

En las carreras de relevos, se llama testigo al objeto que intercambian los corredores de un mismo equipo, para dar fe de que la sustitución ha sido correctamente ejecutada. En algún sentido, Pablo sólo tomó el testigo de manos de Pedro, quien a su vez sólo lo había tomado de Jesús cuando aún era Simón. Arrancar como Simón y acabar como Pedro. ¡Esa es una buena carrera!

Dios tiene un nombre nuevo para cada uno de sus hijos. Es un nombre que representa lo que Él sabe que somos capaces de ser, aunque por ahora no lo reflejemos. Alcanzar ese potencial debe ser el motivo de nuestra existencia; el propósito de nuestra vida.

Por mi parte, creo que ando cerca de la mitad de mi carrera. He cometido innumerables errores; algunos los he podido enmendar, otros no. Pero doy gracias a Dios de que al menos voy avanzando. Poco a poco. Un paso a la vez. Tratando de correr como debo. Sé que la graduación final será más magnífica que cuando recibí mi título de Arquitecto en el garaje de Papá. Pero hay algo que será igual. Y es que en ese gran día, a los ojos de Dios no seremos más de lo que somos hoy. Porque Él siempre nos mira, nos trata y confía en nosotros conforme a ese nombre que nos dio desde la eternidad. Un nombre nuevo que, con Su ayuda, somos capaces de alcanzar.

Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de Aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia. Por medio de ellas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina.
2 Pedro 1:3-4

Thursday, December 17, 2015

Pedro, Mata y Come. (parte 4)

Paralelo a mi desarrollo estaba el de Abbie. Resulta que ella se había desenvuelto como actriz en el prestigioso Círculo Teatral Sampedrano. En cuanto se convirtió, puso sus habilidades a los pies de Cristo, sirviendo como directora del grupo teatral de MUNA. Nos casamos en el 2000, y nuestra primogénita Hansi nació en el 2001. Algún tiempo después Abbie comenzó a laborar para MUNA, como encargada de decoración, mantenimiento, y similares. Y mientras crecía en gracia ante Dios y ante la congregación, crecía también en el conocimiento de la danza como medio para adorar al Señor.

Con el tiempo, Abbie y yo comenzamos a dar juntos una clase de discipulado. Luego pasamos a coordinar un sector de discipulado, y después todos los grupos. A mediados del 2005, poco antes del nacimiento de nuestro hijo Ian, nos ungieron como Pastores de Iglesia Piedras Vivas.

Mientras Abbie estaba aún en su reposo post-natal, yo ataqué el pastorado con toda la inmadurez que podría esperarse de un ministro verde. Dicen que aprendemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos. ¡Pues, basta decir que aprendí a toneladas! Gracias a Dios, me encontré rodeado por gente más madura que yo. El Señor, en su infinita gracia, nos permitió a todos salir vivos de esa temporada.

Entré a la Asociación de Pastores de La Lima poco antes de la elección de junta directiva, y me nombraron secretario. Para entonces ya era sabido por otros pastores que el Señor estaba haciendo algo con nosotros con respecto a la adoración, y algunos me preguntaban si dábamos clases. Resolví organizar un congreso para compartir con las iglesias de La Lima todo lo que sabíamos de adoración. Había enseñanzas generales para cualquier hijo de Dios, otras más específicas para líderes de alabanza, y otras para pastores. Todo iba acompañado de ejercicios prácticos sencillos. Lo llamé Adoremos.

Como pastor, vi la necesidad de formar nuevos adoradores en nuestra congregación. Ya había comenzado a formar nuevos cantores y músicos de entre los jóvenes – y ya estaban ministrando – pero hay una diferencia entre cantar y adorar; entre ser un músico y ser un adorador. Así que hicimos Adoremos nuevamente para la iglesia local.

Posteriormente, el Pastor Edy Bonilla nos pidió que fuéramos a impartir Adoremos a su congregación en Yorito, Yoro. Fue la primera vez que salí a impartir con los chicos, y la primera que recibimos una ofrenda por ello. Poco después, el Pastor Remo Bardales nos invitó a impartir Adoremos al grupo de alabanza de Iglesia Piedras Vivas de San Pedro Sula. Luego, a solicitud del creciente número de hijos ministeriales de MUNA, volvimos a impartir Adoremos para un grupo internacional.

Cabe mencionar que para este tiempo, yo seguía dirigiendo Honda & Piedra. Pero eran como dos grupos en uno. Los domingos – para la reunión general de MUNA – dirigía con la alineación clásica: Mirlen, Oscar, Iona, Mari (entonces Martínez, ahora de Vásquez) y yo; agregando posteriormente a Aldo Zelaya (hijo de Mirlen) y José Popoff. Pero los viernes – para la reunión de la iglesia local – dirigía con los jóvenes. Y los CDs estaban saliendo más o menos alternos: uno de adultos, uno de jóvenes.

A mi manera de ver, levantar nuevas generaciones que hagan lo que nosotros hacemos – pero mejor – es parte fundamental de nuestra peregrinación en esta tierra. Con esto en mente, y con la intención de extendernos más allá, produjimos un CD con canciones escritas por niños o para niños. Tomando prestada una línea del Salmo 8, lo titulé “De la Boca de los Niños”. Salió en el 2010 – el año en que nació Joy – y fue el último CD que grabé con Honda & Piedra.

Por un par de años, el Señor me tuvo levantando altares de adoración en secreto. Básicamente significa que varios equipos pequeños visitamos algunos lugares del país, según el Señor señalaba. No había publicidad, convocatoria, ni mayor logística. El equipo simplemente se preparaba en oración, iba al lugar a orar y adorar, y regresaba. A veces, el Espíritu Santo nos ponía en contacto con un pastor local. No siempre entendíamos por qué lo estábamos haciendo, pero no creo que entenderlo haya sido la finalidad.

A inicios del 2012 el Señor me habló de levantarle altares de adoración en el parque central de las 18 cabeceras departamentales de Honduras. Me daba tres años para realizarlo. Durante los primeros meses, sólo Abbie y yo lo sabíamos, y la pasamos orando por dirección divina.

Cuando fui a plantearles el proyecto a Hermano Rigo y Hermana Emma, tuve que abordarlos en la cocina de su casa – donde son más “papás en pantuflas” que “ministros en misión”. Por un momento parecía que se levantarían los instintos de protección de los papás que ponen alto a todo cuando ven que su bebé se va a atorar con un bocado demasiado grande. En ese preciso instante entró el argentino Daniel Farrace (hoy mi cuñado), con su característica precisión divina disfrazada de inoportunidad irreverente:
            - Y… ¿De qué hablan?
            - Que el Señor me habló de levantarle altar de adoración en el parque central de las 18 cabeceras de Honduras en tres años…
            - ¿Ah? Eso mismo es lo que está haciendo Brunet en Argentina. El tipo se va a la plaza, comienza a adorar, y ¡UF! ¡Ha sido una bendición RE-tremenda!
Tomó un banano (¿o fue una plancha?) y se fue. Pero nos dejó a todos más tranquilos de que Dios estaba en este asunto.

Además del personal de oficina, mi equipo básico de trabajo al inicio de este proyecto era el grupo de alabanza de jóvenes, algunos de los cuales ya estaban desafiando la clasificación tradicional de “jóvenes”. Y comenzamos a organizar los primeros seis eventos para el segundo semestre del año. Una razón importante para no iniciar antes era que MUNA había programado un evento grande para finales de junio: ¡Honduras, Despierta! Además de invitar a diferentes ministros de alabanza, habría tres grupos de entre MUNA. Uno de ellos era Honda & Piedra clásico pero sin mí. Otro era mi equipo de trabajo de Adoremos – los jóvenes de la iglesia local y yo.

Hermana Emma estuvo tan satisfecha con el desempeño de los diversos grupos, que decidió dejarlos así y rotar entre ellos la dirección de la alabanza de las reuniones de domingo en MUNA. En vista de la manera en que estábamos estructurados y de las tareas que el Señor nos tenía desempeñando, decidí que el que tenía 6/7 del Honda & Piedra clásico debería conservar el nombre. Los chicos y yo nos haríamos llamar Adoremos.

Entre el 2012 y 2014 levantamos altares de adoración al Señor en el parque central de las 18 cabeceras de Honduras, dos o tres noches por ciudad. Para el cierre – Tegucigalpa, capital de Honduras – llevamos adoradores de cada departamento que habíamos conocido en nuestro recorrido. Fue un cierre maravilloso, hecho aún más maravilloso porque los invitados aceptaron el reto de recibirnos una vez más en sus ciudades antes de terminar el año. Y en noviembre levantamos 18 altares de adoración simultáneos en los parques centrales.

El año siguiente – 2015 – entrenamos a la congregación local para ir a entrenar adoradores en otras 18 ciudades, y activamos a nuestros colaboradores en las 18 cabeceras. Y en noviembre levantamos 36 altares de adoración simultáneos en los parques centrales.

Mientras todo esto sucedía, también nos dedicamos a grabar las canciones que habíamos escrito durante los entrenamientos o en casa. El lanzamiento de cada CD está ligado al cierre de semestre de la Escuela de Artes que fundamos en 2013 para entrenar adoradores locales. De hecho, estoy escribiendo esto a cuatro días de haber lanzado el quinto CD de Adoremos: MONTES.

Wednesday, December 9, 2015

Pedro, Mata y Come. (parte 3)

“¡Diablo cochino y asqueroso!”, pensé. “Te serví diez años de mi vida, ¿y es así como me pagas? ¡No eres más que un envidioso traidor!”

¿Cómo pude estar tan ciego?

El día que me robaron mi equipo, estaba de visita en el Ministerio Rafael Contreras; un verdadero hombre de Dios, de los más mansos y humildes que he conocido, y un apasionado de la oración y de la restauración familiar. Mamá le pidió si podía orar por mí, lo cual hizo con genuino y profundo sentimiento. Quizás yo estaba aún demasiado aturdido como para comprender la magnitud de esa oración. Pero hoy sé que se unió a miles de oraciones elevadas al Señor por mi vida por decenas de personas a lo largo de los últimos diez años. Oraciones, ruegos, y súplicas que comenzaban a germinar en esta precisa mañana.

Abbie dice que nunca vio una conversión tan radical como la mía. Mentiría si dijera que fue por mi propio mérito, o mi determinación, o mi amor perfecto por el Señor. No, yo sé que no. De no ser por tantas personas - sobre todo mi madre - que no perdieron la esperanza, que siguieron dándome a luz, no estaría escribiendo hoy esta historia.

En los próximos meses, mi vida dio un giro completo. Le propuse matrimonio a Abbie, y ella aceptó. Seis meses antes de la boda, me mudé a La Lima, a la casa donde viviríamos los próximos siete u ocho años. Comencé a congregarme en Iglesia Piedras Vivas (la iglesia local de MUNA), asistiendo a discipulados y sometiéndome a diversas ministraciones de liberación y sanidad interior.

Aparte de la iglesia, mi vida consistía trabajar en la construcción de la casa de Rigo y Mamá. Abbie aún vivía en San Pedro Sula, y sólo nos mirábamos los fines de semana. Como no tenía televisión por cable, internet, ni muchos amigos, pasaba la mayor parte de mi tiempo libre leyendo la Biblia, orando, y haciendo música con aquel viejo requinto.

A veces tenía momentos sublimes cantándole al Señor. Pero después no lograba recordar lo que había cantado. Resolví ese problemita comprando una sencilla grabadora de casetes, no más grande que mi mano. De allí en adelante me aseguraba de siempre grabar mis cánticos, ya fuera durante su alumbramiento o inmediatamente después.

Aún no había quemado mis CDs de música mundana, pero mi espíritu no me permitía escucharlos. Por otro lado, mi alma no toleraba la música evangélica del momento. Era un músico sin música que escuchar. Así que cuando llené de cánticos nuevos un casete entero, y luego otro, estos se convirtieron en la música permanente en mi carro. Cada vez que viajaba, cantaba las armonías e imaginaba los arreglos musicales. Muchas de las letras de las canciones eran tomadas directamente de la Biblia, de manera que genuinamente llenaban mi espíritu y confortaban mi alma.

En algún momento de esa temporada entendí que no por casualidad me habían robado mi equipo musical una y otra vez. Yo le había robado a mi abuela para comprarme un teclado más grande que el que tenía. "Todo lo que el hombre siembra, eso cosecha." Lo primero que hice fue pedirle perdón al Señor. Pero aunque sabía que Él me había perdonado, sentía la necesidad de confesar mi pecado. De lo contrario, no me habría sentido totalmente libre.

Así que un buen día llamé a mi abuela. Con un terrible nudo en la garganta y lágrimas en los ojos, le conté todo. Ha sido una de las llamadas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida, ¡pero qué bueno que la hice! Mi abuela, siempre tan noble y compasiva, me perdonó. (Hoy tenemos una buena relación. Hablamos por teléfono para cada fecha importante, o cuando ella necesita saber cuándo mi madre regresará de un viaje.)

Mamá escribe mucho. Cuando terminé la construcción de su casa, me ofreció empleo por tres mil lempiras mensuales como encargado de Comunicaciones – el departamento de producción de libros y enseñanzas audiovisuales de MUNA. Una de mis funciones era editar el contenido de sus libros y diseñar sus portadas. Sin duda eso me permitió asimilar en poco tiempo mucha enseñanza bíblica que de otra manera me habría tomado muchos años. También me ayudó a navegar las complejidades de las múltiples relaciones que tenía con mi madre, ahora que ella era mi pastora y mi jefa. Mi mente se deleita con la compartametalización simple. Así que desde entonces ella es "Hermana Emma" para asuntos ministeriales y laborales, pero en casa es simple y sencillamente "Mamá".

Hermana Emma me invitó a ser parte del ministerio de alabanza de MUNA. (O del "grupo musical", para aquellos que no hablan evangélico.) Quizás estaba yo muy crudo aún, pero eso no la detuvo. Probablemente yo no me habría puesto a mí mismo, pero ella sí lo hizo. Pronto estaba yo ministrando con mis hermanos; a veces en el teclado, a veces en la guitarra eléctrica. Con el tiempo empecé a cantar también; primero haciendo coros, luego dirigiendo. Mi hermano Oscar también se reconcilió con el Señor y se unió al ministerio de alabanza. En algún momento, Hermana Emma decidió hacer tres grupos. El primero estaba compuesto por Hermana Mirlen y sus hijos. El segundo eran los jóvenes de la iglesia, dirigidos por Oscar. El tercero éramos sólo Iona Villalobos y yo.

Iona tocaba el bajo; yo el teclado. Ambos cantábamos. A veces, Hermano Rigo se apiadaba de nosotros y nos acompañaba en la batería; cuando no, usábamos los ritmos del teclado. Tocábamos mis canciones inéditas y algunos himnos clásicos. No pretendíamos mucho, pero lo hacíamos de todo corazón. Como David, que rehusó enfrentar a Goliat con una armadura que no estaba acostumbrado a usar, así también nosotros servíamos al Señor con lo nuestro, por muy sencillo que fuera. Por eso bauticé nuestro dúo con el nombre de "Honda & Piedra". Con el tiempo, los tres grupos se fusionarían en uno sólo, y ése sería el nombre que conservaríamos.

Cuando MUNA compró un nuevo teclado Roland XP-30 tuve la oportunidad de conectarlo a un sistema ProTools en la computadora de la Comunicaciones. Con la colaboración de varios hermanos de la iglesia, grabé dieciséis de mis canciones. Las presenté bajo mi nombre en un casete de edición limitada titulado "Ensancha". Pero encontré muchísimo mayor el gozo de colaborar con otros que el de tener una obra a mi nombre personal. Así que a partir del segundo tiraje, ya en CD, presenté Ensancha como una obra de Honda & Piedra.

Disfruto grandemente la diversidad que hay en el cuerpo de Cristo. Hacer música al Señor con nuestros hermanos es una de las experiencias más preciosas de la vida cristiana. En los próximos años, Honda & Piedra grabaría un total de diez CDs de música inédita, tocando las vidas y corazones de muchos. Pero sobre todo la mía.

Wednesday, December 2, 2015

Pedro, Mata y Come. (parte 2)

Los discípulos dispersados por la persecución religiosa en Jerusalén habían llegado hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, predicando el evangelio solamente a los judíos. Pero unos varones de Chipre y de Cirene, predicaron en Antioquía también a los gentiles. Cuando en Jerusalén oyeron que gran número de personas se había convertido al Señor en Antioquía, enviaron a Bernabé. Él era un hombre bueno, lleno de fe y del Espíritu Santo, y animó a todos a permanecer fieles al Señor, con tal fervor que una gran multitud se agregó para seguir al Señor. Después de eso, Bernabé fue a Tarso para traer a Saulo a Antioquía. Durante todo un año se congregaron con la iglesia y enseñaron a mucha gente.

En esos días, la persecución en Jerusalén comenzó a tomar un tinte político, con el rey Herodes mandando a arrestar y maltratar a algunos discípulos. Entre ellos fue arrestado Jacobo, hermano de Juan, y lo mataron a espada. Viendo que esto lo hacía popular con los judíos, Herodes encarceló también a Pedro. Lo entregó a la custodia de cuatro grupos de cuatro soldados con la intención de sacarle al pueblo después de la fiesta de pascua. Pero la iglesia oraba sin cesar por él.

La noche en que Herodes lo iba a sacar, Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas. Dos guardias vigilaban frente a la puerta. ¡De repente una luz iluminó la cárcel y apareció un ángel del Señor! Tocó a Pedro en el costado para despertarlo, y al instante las cadenas se le cayeron de las manos. “¡De prisa, levántate!” ordenó el ángel, “Toma tu ropa y ponte las sandalias; envuélvete en tu manto y sígueme.” A Pedro le parecía que veía una visión, pero obedeció. Siguiendo al ángel, pasaron junto a los guardias. Llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, y ¡se abrió por sí misma! Una vez afuera, cruzaron una calle y luego el ángel desapareció. Entonces Pedro volvió en sí y entendió que el Señor lo había librado de Herodes y de los judíos.

Procurando no llamar la atención, Pedro se dirigió hacia la casa donde los hermanos se habían reunido para orar. Cuando llamó a la puerta del patio, la muchacha que salió a atender reconoció su voz. Pero se puso tan alegre que no abrió, sino que corrió a decir que Pedro estaba a la puerta. Ellos le dijeron que estaba loca, pero ella insistía. Pedro, mientras tanto, seguía llamando a la puerta. Finalmente le abrieron y se quedaron atónitos viéndolo allí parado. Haciéndoles señas de silencio, Pedro les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Les pidió que avisaran a los demás, y se fue de allí.

Mientras tanto en Antioquía, Bernabé y Saulo eran despedidos con ayunos, oraciones e imposición de manos. El Espíritu Santo los llevaba a su primer viaje misionero. Viajaron a Seleucia, Chipre y Salamina, donde comenzaron a predicar la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Cuando llegaron a Pafos, fueron convocados por el procónsul Sergio Paulo, porque deseaba oír la palabra de Dios. Pero estaba con él un mago y falso profeta judío, llamado Barjesús, quien procuraba apartar de la fe al procónsul. Como Saulo estaba lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el mago y dijo: “¡Eres un hijo del diablo! ¡Estás lleno de mentira y de maldad, y eres enemigo de la justicia! ¿Cuándo dejarás de trastornar los caminos rectos del Señor? Pon atención, porque la mano del Señor está en tu contra y vas a quedarte ciego; no podrás ver el sol por algún tiempo.” Al instante Barjesús quedó ciego; caminaba en círculos, buscando alguien que lo guiara. Cuando el procónsul vio eso, quedó maravillado de la enseñanza del Señor y creyó.

Y desde ese momento en adelante, Saulo vino a ser conocido como Pablo.

Pablo y Bernabé continuaron su viaje, llevados por el Espíritu Santo por muchas ciudades donde predicaron el evangelio y pasaron muchas tribulaciones. En Antioquía de Pisidia creyeron muchos judíos piadosos, pero otros, celosos de que a los gentiles también se les predicara, lograron expulsar a Pablo y Bernabé del territorio. En Iconio enseñaron sin temor por mucho tiempo, haciendo milagros prodigiosos, y creyó una gran multitud de judíos y de gentiles; pero los judíos que no quisieron creer juntaron un grupo para apedrear a los apóstoles. Ellos huyeron a Listra, donde Pablo sanó a un hombre lisiado de nacimiento. Tomándolos por dioses, la gente comenzó a adorar a Pablo y a Bernabé con guirnaldas y sacrificios, hasta que llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio. Azuzando a la multitud, apedrearon a Pablo hasta darlo por muerto. Al día siguiente, Pablo y Bernabé fueron a Derbe, donde también anunciaron el evangelio e hicieron muchos discípulos. Después regresaron por las mismas ciudades, encomendando líderes en cada iglesia, y animando a los discípulos a mantener la fe. Cuando llegaron a casa, contaron a la iglesia las grandes cosas que Dios había hecho con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe para los gentiles.

Entonces llegaron de Judea algunos que enseñaban a los hermanos que no podías ser salvos si no se circuncidaban conforme al rito de Moisés. Pablo y Bernabé tuvieron una fuerte discusión con ellos, y se resolvió que mejor ellos fueran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los apóstoles y los ancianos.

En Jerusalén, Pablo y Bernabé contaron a la iglesia todo lo que Dios había hecho con ellos entre los gentiles. Pero algunos creyentes de la secta de los fariseos se opusieron, diciendo que era necesario circuncidarlos y mandarles a cumplir con la ley de Moisés. Los apóstoles y los ancianos se reunieron para tratar el asunto, y luego de mucho discutir, Pedro se levantó y les dijo:
            - Queridos hermanos, ustedes saben que hace algún tiempo Dios determinó que yo mismo proclamara a los gentiles el mensaje del evangelio, para que creyeran. Y Dios, que conoce los corazones, los confirmó y les dio el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros. Dios no hizo ninguna diferencia entre ellos y nosotros, sino que por la fe purificó sus corazones. Entonces, ¿por qué ponen a prueba a Dios, al imponer sobre los discípulos una carga que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Lo que creemos es que, por la bondad del Señor Jesús, seremos salvos lo mismo que ellos.

Entonces toda la multitud calló, y oyeron el testimonio de Bernabé y Pablo – las grandes señales y maravillas que había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. Entonces tomó la palabra Jacobo, el hermano de Jesús que había venido a ser una figura prominente de la iglesia en Jerusalén:
            - Hermanos, escúchenme. Simón nos ha contado cómo Dios visitó a los gentiles por primera vez, para añadirlos al pueblo que cree en su nombre. Las palabras de los profetas concuerdan en esto, pues está escrito: “Después de esto volveré, y reedificaré el tabernáculo caído de David; repararé sus ruinas y lo volveré a levantar, para que el resto de la humanidad busque al Señor, y también todas las naciones que invocan mi nombre.” Esto lo dice el Señor; lo ha dado a conocer desde los tiempos antiguos.

Por consejo de Jacobo, la asamblea decidió enviar a los hermanos de entre los gentiles en Antioquía, en Siria y en Cilicia, una carta dando a conocer la resolución de los apóstoles, los ancianos, y toda la iglesia. En la carta hacían constar que ellos no habían enviado a los que los habían perturbado respecto a la circuncisión y enseñanzas de la ley de Moisés. Al Espíritu Santo y a nosotros nos ha parecido bien”, decía la carta, “no imponerles ninguna otra carga, sino sólo esto que necesitan saber: que deben abstenerse de comer lo que se ha sacrificado a los ídolos, de comer sangre o la carne de animales ahogados, y del libertinaje sexual. Harán bien en evitar estas cosas. Que estén muy bien.”

Cuando Pablo y Bernabé llegaron a Antioquía, reunieron a la congregación y entregaron la carta. Y los hermanos se alegraron por el consuelo recibido. Judas y Silas, dos profetas de Jerusalén que habían acompañado la carta, confirmaron en la fe a los hermanos. Después de haber pasado un tiempo con ellos, Judas regresó a Jerusalén, pero Silas prefirió quedarse en Antioquía, donde Pablo y Bernabé continuaron enseñando la palabra del Señor, y anunciando el evangelio a muchos más.