Sin duda alguna, Jesucristo vino para darnos vida eterna a TODOS
los que creamos en él. Pero lo hizo conforme a un plan. Vino primero a los
judíos, para después ser predicado entre los gentiles. Sus primeros doce
apóstoles fueron enviados “a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Simón
Pedro era uno de los doce. Y si bien fue enviado donde Cornelio como testigo de
la primicia del derramamiento del Espíritu Santo entre los gentiles, realmente
es considerado un “apóstol a los judíos”.
Pablo, por otra parte, es un “apóstol a los gentiles”.
Aunque haya sido un fariseo celoso del judaísmo antes de conocer a Jesucristo,
y a pesar de que acostumbraba predicar primeramente a los judíos cuando entraba
a un nuevo territorio. La revelación que el Espíritu Santo nos entregó a través
de Pablo nos ha sacado de oscuras cárceles de ignorancia y nos ha librado de
caer en pozos profundos de error.
En su carta a la iglesia de Galacia, Pablo escribe del
respeto mutuo que él y Pedro tienen por las labores del otro. “[Jacobo, Pedro y Juan], que eran
considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de
compañerismo, para que nosotros fuéramos a los no judíos, y ellos a los judíos.”
Pero
posteriormente hubo un incidente desagradable cuando Pedro fue a Antioquía – el
territorio de Pablo. Resulta que durante su visita, Pedro comía tranquilamente
con los gentiles. Esto es, hasta que llegaron “algunos de parte de Jacobo”. Después
de eso, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los partidarios de la circuncisión.
(Para los judíos es abominación comer con gentiles. Creen que se contaminarán y
quedarán ritualmente impuros, excluidos temporalmente de la asamblea.) Hubo
otros judíos, incluyendo a Bernabé, que también fueron arrastrados a esta hipocresía.
Entonces Pablo, viendo que no andaban rectamente y conforme a la verdad del
evangelio, le reprochó a Pedro delante de todos:
- Si tú, que eres judío, no vives como los judíos sino
como los gentiles, ¿por qué obligas a los gentiles a hacerse judíos?
No sabemos con certeza cómo terminó la escena. Pero podemos
notar en la segunda carta de Pedro el respeto que tiene por Pablo y cómo reconoce
su autoridad:
Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación,
tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría
que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en
ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes
tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia
perdición.
2 Pedro 3:15-16
Según la tradición, Pedro y Pablo ambos enseñaron en Corinto
y en Italia. Y ambos sufrieron martirio bajo el tiránico emperador Nerón
alrededor del mismo tiempo. En el año 64, Pedro fue crucificado – se dice que pidió
ser crucificado cabeza abajo por no considerarse digno de morir del mismo modo
que Jesús. En el año 67, Pablo fue decapitado – se presume que fue eximido de
morir crucificado por ser ciudadano romano. Ambos murieron por su fe en
Jesucristo y por predicar el evangelio.
Cada quien tiene un propósito en esta vida, pero nadie es
absoluto. Nuestros diseños individuales son sólo parte de un diseño maestro. Nos
guste o no, estamos interconectados. Lo que recibimos, hemos de desarrollarlo a
lo mejor de nuestra habilidad y conforme a nuestro diseño individual. Para luego
devolverlo – transferirlo a aquellos que lo requieran para seguir desarrollándolo
según su diseño individual. Pablo podrá tener más epístolas que Pedro, pero él
mismo escribe acerca de su propio apostolado: “A decir verdad, yo soy el más pequeño de los apóstoles, y no soy digno
de ser llamado apóstol porque perseguí a la iglesia de Dios.”
En las carreras de relevos, se llama testigo al objeto que intercambian los corredores de un mismo
equipo, para dar fe de que la sustitución ha sido correctamente ejecutada. En
algún sentido, Pablo sólo tomó el testigo de manos de Pedro, quien a su vez
sólo lo había tomado de Jesús cuando aún era Simón. Arrancar como Simón y acabar como Pedro. ¡Esa es una buena carrera!
Dios tiene un nombre nuevo para cada uno de sus hijos. Es un nombre que
representa lo que Él sabe que somos capaces de ser, aunque por ahora no lo
reflejemos. Alcanzar ese potencial debe ser el motivo de nuestra existencia; el
propósito de nuestra vida.
Por mi parte, creo que ando cerca de la mitad de mi carrera. He cometido
innumerables errores; algunos los he podido enmendar, otros no. Pero doy gracias
a Dios de que al menos voy avanzando. Poco a poco. Un paso a la vez. Tratando de
correr como debo. Sé que la graduación final será más magnífica que cuando
recibí mi título de Arquitecto en el garaje de Papá. Pero hay algo que será
igual. Y es que en ese gran día, a los ojos de Dios no seremos más de lo que
somos hoy. Porque Él siempre nos mira, nos trata y confía en nosotros conforme
a ese nombre que nos dio desde la eternidad. Un nombre nuevo que, con Su ayuda,
somos capaces de alcanzar.
Todas las cosas que pertenecen a la vida y a
la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de
Aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia. Por medio de ellas nos ha dado
preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes lleguen a ser
partícipes de la naturaleza divina.
2 Pedro 1:3-4








