Wednesday, December 23, 2015

Epílogo

Sin duda alguna, Jesucristo vino para darnos vida eterna a TODOS los que creamos en él. Pero lo hizo conforme a un plan. Vino primero a los judíos, para después ser predicado entre los gentiles. Sus primeros doce apóstoles fueron enviados “a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Simón Pedro era uno de los doce. Y si bien fue enviado donde Cornelio como testigo de la primicia del derramamiento del Espíritu Santo entre los gentiles, realmente es considerado un “apóstol a los judíos”.

Pablo, por otra parte, es un “apóstol a los gentiles”. Aunque haya sido un fariseo celoso del judaísmo antes de conocer a Jesucristo, y a pesar de que acostumbraba predicar primeramente a los judíos cuando entraba a un nuevo territorio. La revelación que el Espíritu Santo nos entregó a través de Pablo nos ha sacado de oscuras cárceles de ignorancia y nos ha librado de caer en pozos profundos de error.

En su carta a la iglesia de Galacia, Pablo escribe del respeto mutuo que él y Pedro tienen por las labores del otro. “[Jacobo, Pedro y Juan], que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los no judíos, y ellos a los judíos.”

Pero posteriormente hubo un incidente desagradable cuando Pedro fue a Antioquía – el territorio de Pablo. Resulta que durante su visita, Pedro comía tranquilamente con los gentiles. Esto es, hasta que llegaron “algunos de parte de Jacobo”. Después de eso, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los partidarios de la circuncisión. (Para los judíos es abominación comer con gentiles. Creen que se contaminarán y quedarán ritualmente impuros, excluidos temporalmente de la asamblea.) Hubo otros judíos, incluyendo a Bernabé, que también fueron arrastrados a esta hipocresía. Entonces Pablo, viendo que no andaban rectamente y conforme a la verdad del evangelio, le reprochó a Pedro delante de todos:
            - Si tú, que eres judío, no vives como los judíos sino como los gentiles, ¿por qué obligas a los gentiles a hacerse judíos?

No sabemos con certeza cómo terminó la escena. Pero podemos notar en la segunda carta de Pedro el respeto que tiene por Pablo y cómo reconoce su autoridad:
Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición.
2 Pedro 3:15-16

Según la tradición, Pedro y Pablo ambos enseñaron en Corinto y en Italia. Y ambos sufrieron martirio bajo el tiránico emperador Nerón alrededor del mismo tiempo. En el año 64, Pedro fue crucificado – se dice que pidió ser crucificado cabeza abajo por no considerarse digno de morir del mismo modo que Jesús. En el año 67, Pablo fue decapitado – se presume que fue eximido de morir crucificado por ser ciudadano romano. Ambos murieron por su fe en Jesucristo y por predicar el evangelio.

Cada quien tiene un propósito en esta vida, pero nadie es absoluto. Nuestros diseños individuales son sólo parte de un diseño maestro. Nos guste o no, estamos interconectados. Lo que recibimos, hemos de desarrollarlo a lo mejor de nuestra habilidad y conforme a nuestro diseño individual. Para luego devolverlo – transferirlo a aquellos que lo requieran para seguir desarrollándolo según su diseño individual. Pablo podrá tener más epístolas que Pedro, pero él mismo escribe acerca de su propio apostolado: “A decir verdad, yo soy el más pequeño de los apóstoles, y no soy digno de ser llamado apóstol porque perseguí a la iglesia de Dios.”

En las carreras de relevos, se llama testigo al objeto que intercambian los corredores de un mismo equipo, para dar fe de que la sustitución ha sido correctamente ejecutada. En algún sentido, Pablo sólo tomó el testigo de manos de Pedro, quien a su vez sólo lo había tomado de Jesús cuando aún era Simón. Arrancar como Simón y acabar como Pedro. ¡Esa es una buena carrera!

Dios tiene un nombre nuevo para cada uno de sus hijos. Es un nombre que representa lo que Él sabe que somos capaces de ser, aunque por ahora no lo reflejemos. Alcanzar ese potencial debe ser el motivo de nuestra existencia; el propósito de nuestra vida.

Por mi parte, creo que ando cerca de la mitad de mi carrera. He cometido innumerables errores; algunos los he podido enmendar, otros no. Pero doy gracias a Dios de que al menos voy avanzando. Poco a poco. Un paso a la vez. Tratando de correr como debo. Sé que la graduación final será más magnífica que cuando recibí mi título de Arquitecto en el garaje de Papá. Pero hay algo que será igual. Y es que en ese gran día, a los ojos de Dios no seremos más de lo que somos hoy. Porque Él siempre nos mira, nos trata y confía en nosotros conforme a ese nombre que nos dio desde la eternidad. Un nombre nuevo que, con Su ayuda, somos capaces de alcanzar.

Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de Aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia. Por medio de ellas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina.
2 Pedro 1:3-4

Thursday, December 17, 2015

Pedro, Mata y Come. (parte 4)

Paralelo a mi desarrollo estaba el de Abbie. Resulta que ella se había desenvuelto como actriz en el prestigioso Círculo Teatral Sampedrano. En cuanto se convirtió, puso sus habilidades a los pies de Cristo, sirviendo como directora del grupo teatral de MUNA. Nos casamos en el 2000, y nuestra primogénita Hansi nació en el 2001. Algún tiempo después Abbie comenzó a laborar para MUNA, como encargada de decoración, mantenimiento, y similares. Y mientras crecía en gracia ante Dios y ante la congregación, crecía también en el conocimiento de la danza como medio para adorar al Señor.

Con el tiempo, Abbie y yo comenzamos a dar juntos una clase de discipulado. Luego pasamos a coordinar un sector de discipulado, y después todos los grupos. A mediados del 2005, poco antes del nacimiento de nuestro hijo Ian, nos ungieron como Pastores de Iglesia Piedras Vivas.

Mientras Abbie estaba aún en su reposo post-natal, yo ataqué el pastorado con toda la inmadurez que podría esperarse de un ministro verde. Dicen que aprendemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos. ¡Pues, basta decir que aprendí a toneladas! Gracias a Dios, me encontré rodeado por gente más madura que yo. El Señor, en su infinita gracia, nos permitió a todos salir vivos de esa temporada.

Entré a la Asociación de Pastores de La Lima poco antes de la elección de junta directiva, y me nombraron secretario. Para entonces ya era sabido por otros pastores que el Señor estaba haciendo algo con nosotros con respecto a la adoración, y algunos me preguntaban si dábamos clases. Resolví organizar un congreso para compartir con las iglesias de La Lima todo lo que sabíamos de adoración. Había enseñanzas generales para cualquier hijo de Dios, otras más específicas para líderes de alabanza, y otras para pastores. Todo iba acompañado de ejercicios prácticos sencillos. Lo llamé Adoremos.

Como pastor, vi la necesidad de formar nuevos adoradores en nuestra congregación. Ya había comenzado a formar nuevos cantores y músicos de entre los jóvenes – y ya estaban ministrando – pero hay una diferencia entre cantar y adorar; entre ser un músico y ser un adorador. Así que hicimos Adoremos nuevamente para la iglesia local.

Posteriormente, el Pastor Edy Bonilla nos pidió que fuéramos a impartir Adoremos a su congregación en Yorito, Yoro. Fue la primera vez que salí a impartir con los chicos, y la primera que recibimos una ofrenda por ello. Poco después, el Pastor Remo Bardales nos invitó a impartir Adoremos al grupo de alabanza de Iglesia Piedras Vivas de San Pedro Sula. Luego, a solicitud del creciente número de hijos ministeriales de MUNA, volvimos a impartir Adoremos para un grupo internacional.

Cabe mencionar que para este tiempo, yo seguía dirigiendo Honda & Piedra. Pero eran como dos grupos en uno. Los domingos – para la reunión general de MUNA – dirigía con la alineación clásica: Mirlen, Oscar, Iona, Mari (entonces Martínez, ahora de Vásquez) y yo; agregando posteriormente a Aldo Zelaya (hijo de Mirlen) y José Popoff. Pero los viernes – para la reunión de la iglesia local – dirigía con los jóvenes. Y los CDs estaban saliendo más o menos alternos: uno de adultos, uno de jóvenes.

A mi manera de ver, levantar nuevas generaciones que hagan lo que nosotros hacemos – pero mejor – es parte fundamental de nuestra peregrinación en esta tierra. Con esto en mente, y con la intención de extendernos más allá, produjimos un CD con canciones escritas por niños o para niños. Tomando prestada una línea del Salmo 8, lo titulé “De la Boca de los Niños”. Salió en el 2010 – el año en que nació Joy – y fue el último CD que grabé con Honda & Piedra.

Por un par de años, el Señor me tuvo levantando altares de adoración en secreto. Básicamente significa que varios equipos pequeños visitamos algunos lugares del país, según el Señor señalaba. No había publicidad, convocatoria, ni mayor logística. El equipo simplemente se preparaba en oración, iba al lugar a orar y adorar, y regresaba. A veces, el Espíritu Santo nos ponía en contacto con un pastor local. No siempre entendíamos por qué lo estábamos haciendo, pero no creo que entenderlo haya sido la finalidad.

A inicios del 2012 el Señor me habló de levantarle altares de adoración en el parque central de las 18 cabeceras departamentales de Honduras. Me daba tres años para realizarlo. Durante los primeros meses, sólo Abbie y yo lo sabíamos, y la pasamos orando por dirección divina.

Cuando fui a plantearles el proyecto a Hermano Rigo y Hermana Emma, tuve que abordarlos en la cocina de su casa – donde son más “papás en pantuflas” que “ministros en misión”. Por un momento parecía que se levantarían los instintos de protección de los papás que ponen alto a todo cuando ven que su bebé se va a atorar con un bocado demasiado grande. En ese preciso instante entró el argentino Daniel Farrace (hoy mi cuñado), con su característica precisión divina disfrazada de inoportunidad irreverente:
            - Y… ¿De qué hablan?
            - Que el Señor me habló de levantarle altar de adoración en el parque central de las 18 cabeceras de Honduras en tres años…
            - ¿Ah? Eso mismo es lo que está haciendo Brunet en Argentina. El tipo se va a la plaza, comienza a adorar, y ¡UF! ¡Ha sido una bendición RE-tremenda!
Tomó un banano (¿o fue una plancha?) y se fue. Pero nos dejó a todos más tranquilos de que Dios estaba en este asunto.

Además del personal de oficina, mi equipo básico de trabajo al inicio de este proyecto era el grupo de alabanza de jóvenes, algunos de los cuales ya estaban desafiando la clasificación tradicional de “jóvenes”. Y comenzamos a organizar los primeros seis eventos para el segundo semestre del año. Una razón importante para no iniciar antes era que MUNA había programado un evento grande para finales de junio: ¡Honduras, Despierta! Además de invitar a diferentes ministros de alabanza, habría tres grupos de entre MUNA. Uno de ellos era Honda & Piedra clásico pero sin mí. Otro era mi equipo de trabajo de Adoremos – los jóvenes de la iglesia local y yo.

Hermana Emma estuvo tan satisfecha con el desempeño de los diversos grupos, que decidió dejarlos así y rotar entre ellos la dirección de la alabanza de las reuniones de domingo en MUNA. En vista de la manera en que estábamos estructurados y de las tareas que el Señor nos tenía desempeñando, decidí que el que tenía 6/7 del Honda & Piedra clásico debería conservar el nombre. Los chicos y yo nos haríamos llamar Adoremos.

Entre el 2012 y 2014 levantamos altares de adoración al Señor en el parque central de las 18 cabeceras de Honduras, dos o tres noches por ciudad. Para el cierre – Tegucigalpa, capital de Honduras – llevamos adoradores de cada departamento que habíamos conocido en nuestro recorrido. Fue un cierre maravilloso, hecho aún más maravilloso porque los invitados aceptaron el reto de recibirnos una vez más en sus ciudades antes de terminar el año. Y en noviembre levantamos 18 altares de adoración simultáneos en los parques centrales.

El año siguiente – 2015 – entrenamos a la congregación local para ir a entrenar adoradores en otras 18 ciudades, y activamos a nuestros colaboradores en las 18 cabeceras. Y en noviembre levantamos 36 altares de adoración simultáneos en los parques centrales.

Mientras todo esto sucedía, también nos dedicamos a grabar las canciones que habíamos escrito durante los entrenamientos o en casa. El lanzamiento de cada CD está ligado al cierre de semestre de la Escuela de Artes que fundamos en 2013 para entrenar adoradores locales. De hecho, estoy escribiendo esto a cuatro días de haber lanzado el quinto CD de Adoremos: MONTES.

Wednesday, December 9, 2015

Pedro, Mata y Come. (parte 3)

“¡Diablo cochino y asqueroso!”, pensé. “Te serví diez años de mi vida, ¿y es así como me pagas? ¡No eres más que un envidioso traidor!”

¿Cómo pude estar tan ciego?

El día que me robaron mi equipo, estaba de visita en el Ministerio Rafael Contreras; un verdadero hombre de Dios, de los más mansos y humildes que he conocido, y un apasionado de la oración y de la restauración familiar. Mamá le pidió si podía orar por mí, lo cual hizo con genuino y profundo sentimiento. Quizás yo estaba aún demasiado aturdido como para comprender la magnitud de esa oración. Pero hoy sé que se unió a miles de oraciones elevadas al Señor por mi vida por decenas de personas a lo largo de los últimos diez años. Oraciones, ruegos, y súplicas que comenzaban a germinar en esta precisa mañana.

Abbie dice que nunca vio una conversión tan radical como la mía. Mentiría si dijera que fue por mi propio mérito, o mi determinación, o mi amor perfecto por el Señor. No, yo sé que no. De no ser por tantas personas - sobre todo mi madre - que no perdieron la esperanza, que siguieron dándome a luz, no estaría escribiendo hoy esta historia.

En los próximos meses, mi vida dio un giro completo. Le propuse matrimonio a Abbie, y ella aceptó. Seis meses antes de la boda, me mudé a La Lima, a la casa donde viviríamos los próximos siete u ocho años. Comencé a congregarme en Iglesia Piedras Vivas (la iglesia local de MUNA), asistiendo a discipulados y sometiéndome a diversas ministraciones de liberación y sanidad interior.

Aparte de la iglesia, mi vida consistía trabajar en la construcción de la casa de Rigo y Mamá. Abbie aún vivía en San Pedro Sula, y sólo nos mirábamos los fines de semana. Como no tenía televisión por cable, internet, ni muchos amigos, pasaba la mayor parte de mi tiempo libre leyendo la Biblia, orando, y haciendo música con aquel viejo requinto.

A veces tenía momentos sublimes cantándole al Señor. Pero después no lograba recordar lo que había cantado. Resolví ese problemita comprando una sencilla grabadora de casetes, no más grande que mi mano. De allí en adelante me aseguraba de siempre grabar mis cánticos, ya fuera durante su alumbramiento o inmediatamente después.

Aún no había quemado mis CDs de música mundana, pero mi espíritu no me permitía escucharlos. Por otro lado, mi alma no toleraba la música evangélica del momento. Era un músico sin música que escuchar. Así que cuando llené de cánticos nuevos un casete entero, y luego otro, estos se convirtieron en la música permanente en mi carro. Cada vez que viajaba, cantaba las armonías e imaginaba los arreglos musicales. Muchas de las letras de las canciones eran tomadas directamente de la Biblia, de manera que genuinamente llenaban mi espíritu y confortaban mi alma.

En algún momento de esa temporada entendí que no por casualidad me habían robado mi equipo musical una y otra vez. Yo le había robado a mi abuela para comprarme un teclado más grande que el que tenía. "Todo lo que el hombre siembra, eso cosecha." Lo primero que hice fue pedirle perdón al Señor. Pero aunque sabía que Él me había perdonado, sentía la necesidad de confesar mi pecado. De lo contrario, no me habría sentido totalmente libre.

Así que un buen día llamé a mi abuela. Con un terrible nudo en la garganta y lágrimas en los ojos, le conté todo. Ha sido una de las llamadas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida, ¡pero qué bueno que la hice! Mi abuela, siempre tan noble y compasiva, me perdonó. (Hoy tenemos una buena relación. Hablamos por teléfono para cada fecha importante, o cuando ella necesita saber cuándo mi madre regresará de un viaje.)

Mamá escribe mucho. Cuando terminé la construcción de su casa, me ofreció empleo por tres mil lempiras mensuales como encargado de Comunicaciones – el departamento de producción de libros y enseñanzas audiovisuales de MUNA. Una de mis funciones era editar el contenido de sus libros y diseñar sus portadas. Sin duda eso me permitió asimilar en poco tiempo mucha enseñanza bíblica que de otra manera me habría tomado muchos años. También me ayudó a navegar las complejidades de las múltiples relaciones que tenía con mi madre, ahora que ella era mi pastora y mi jefa. Mi mente se deleita con la compartametalización simple. Así que desde entonces ella es "Hermana Emma" para asuntos ministeriales y laborales, pero en casa es simple y sencillamente "Mamá".

Hermana Emma me invitó a ser parte del ministerio de alabanza de MUNA. (O del "grupo musical", para aquellos que no hablan evangélico.) Quizás estaba yo muy crudo aún, pero eso no la detuvo. Probablemente yo no me habría puesto a mí mismo, pero ella sí lo hizo. Pronto estaba yo ministrando con mis hermanos; a veces en el teclado, a veces en la guitarra eléctrica. Con el tiempo empecé a cantar también; primero haciendo coros, luego dirigiendo. Mi hermano Oscar también se reconcilió con el Señor y se unió al ministerio de alabanza. En algún momento, Hermana Emma decidió hacer tres grupos. El primero estaba compuesto por Hermana Mirlen y sus hijos. El segundo eran los jóvenes de la iglesia, dirigidos por Oscar. El tercero éramos sólo Iona Villalobos y yo.

Iona tocaba el bajo; yo el teclado. Ambos cantábamos. A veces, Hermano Rigo se apiadaba de nosotros y nos acompañaba en la batería; cuando no, usábamos los ritmos del teclado. Tocábamos mis canciones inéditas y algunos himnos clásicos. No pretendíamos mucho, pero lo hacíamos de todo corazón. Como David, que rehusó enfrentar a Goliat con una armadura que no estaba acostumbrado a usar, así también nosotros servíamos al Señor con lo nuestro, por muy sencillo que fuera. Por eso bauticé nuestro dúo con el nombre de "Honda & Piedra". Con el tiempo, los tres grupos se fusionarían en uno sólo, y ése sería el nombre que conservaríamos.

Cuando MUNA compró un nuevo teclado Roland XP-30 tuve la oportunidad de conectarlo a un sistema ProTools en la computadora de la Comunicaciones. Con la colaboración de varios hermanos de la iglesia, grabé dieciséis de mis canciones. Las presenté bajo mi nombre en un casete de edición limitada titulado "Ensancha". Pero encontré muchísimo mayor el gozo de colaborar con otros que el de tener una obra a mi nombre personal. Así que a partir del segundo tiraje, ya en CD, presenté Ensancha como una obra de Honda & Piedra.

Disfruto grandemente la diversidad que hay en el cuerpo de Cristo. Hacer música al Señor con nuestros hermanos es una de las experiencias más preciosas de la vida cristiana. En los próximos años, Honda & Piedra grabaría un total de diez CDs de música inédita, tocando las vidas y corazones de muchos. Pero sobre todo la mía.

Wednesday, December 2, 2015

Pedro, Mata y Come. (parte 2)

Los discípulos dispersados por la persecución religiosa en Jerusalén habían llegado hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, predicando el evangelio solamente a los judíos. Pero unos varones de Chipre y de Cirene, predicaron en Antioquía también a los gentiles. Cuando en Jerusalén oyeron que gran número de personas se había convertido al Señor en Antioquía, enviaron a Bernabé. Él era un hombre bueno, lleno de fe y del Espíritu Santo, y animó a todos a permanecer fieles al Señor, con tal fervor que una gran multitud se agregó para seguir al Señor. Después de eso, Bernabé fue a Tarso para traer a Saulo a Antioquía. Durante todo un año se congregaron con la iglesia y enseñaron a mucha gente.

En esos días, la persecución en Jerusalén comenzó a tomar un tinte político, con el rey Herodes mandando a arrestar y maltratar a algunos discípulos. Entre ellos fue arrestado Jacobo, hermano de Juan, y lo mataron a espada. Viendo que esto lo hacía popular con los judíos, Herodes encarceló también a Pedro. Lo entregó a la custodia de cuatro grupos de cuatro soldados con la intención de sacarle al pueblo después de la fiesta de pascua. Pero la iglesia oraba sin cesar por él.

La noche en que Herodes lo iba a sacar, Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas. Dos guardias vigilaban frente a la puerta. ¡De repente una luz iluminó la cárcel y apareció un ángel del Señor! Tocó a Pedro en el costado para despertarlo, y al instante las cadenas se le cayeron de las manos. “¡De prisa, levántate!” ordenó el ángel, “Toma tu ropa y ponte las sandalias; envuélvete en tu manto y sígueme.” A Pedro le parecía que veía una visión, pero obedeció. Siguiendo al ángel, pasaron junto a los guardias. Llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, y ¡se abrió por sí misma! Una vez afuera, cruzaron una calle y luego el ángel desapareció. Entonces Pedro volvió en sí y entendió que el Señor lo había librado de Herodes y de los judíos.

Procurando no llamar la atención, Pedro se dirigió hacia la casa donde los hermanos se habían reunido para orar. Cuando llamó a la puerta del patio, la muchacha que salió a atender reconoció su voz. Pero se puso tan alegre que no abrió, sino que corrió a decir que Pedro estaba a la puerta. Ellos le dijeron que estaba loca, pero ella insistía. Pedro, mientras tanto, seguía llamando a la puerta. Finalmente le abrieron y se quedaron atónitos viéndolo allí parado. Haciéndoles señas de silencio, Pedro les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel. Les pidió que avisaran a los demás, y se fue de allí.

Mientras tanto en Antioquía, Bernabé y Saulo eran despedidos con ayunos, oraciones e imposición de manos. El Espíritu Santo los llevaba a su primer viaje misionero. Viajaron a Seleucia, Chipre y Salamina, donde comenzaron a predicar la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Cuando llegaron a Pafos, fueron convocados por el procónsul Sergio Paulo, porque deseaba oír la palabra de Dios. Pero estaba con él un mago y falso profeta judío, llamado Barjesús, quien procuraba apartar de la fe al procónsul. Como Saulo estaba lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el mago y dijo: “¡Eres un hijo del diablo! ¡Estás lleno de mentira y de maldad, y eres enemigo de la justicia! ¿Cuándo dejarás de trastornar los caminos rectos del Señor? Pon atención, porque la mano del Señor está en tu contra y vas a quedarte ciego; no podrás ver el sol por algún tiempo.” Al instante Barjesús quedó ciego; caminaba en círculos, buscando alguien que lo guiara. Cuando el procónsul vio eso, quedó maravillado de la enseñanza del Señor y creyó.

Y desde ese momento en adelante, Saulo vino a ser conocido como Pablo.

Pablo y Bernabé continuaron su viaje, llevados por el Espíritu Santo por muchas ciudades donde predicaron el evangelio y pasaron muchas tribulaciones. En Antioquía de Pisidia creyeron muchos judíos piadosos, pero otros, celosos de que a los gentiles también se les predicara, lograron expulsar a Pablo y Bernabé del territorio. En Iconio enseñaron sin temor por mucho tiempo, haciendo milagros prodigiosos, y creyó una gran multitud de judíos y de gentiles; pero los judíos que no quisieron creer juntaron un grupo para apedrear a los apóstoles. Ellos huyeron a Listra, donde Pablo sanó a un hombre lisiado de nacimiento. Tomándolos por dioses, la gente comenzó a adorar a Pablo y a Bernabé con guirnaldas y sacrificios, hasta que llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio. Azuzando a la multitud, apedrearon a Pablo hasta darlo por muerto. Al día siguiente, Pablo y Bernabé fueron a Derbe, donde también anunciaron el evangelio e hicieron muchos discípulos. Después regresaron por las mismas ciudades, encomendando líderes en cada iglesia, y animando a los discípulos a mantener la fe. Cuando llegaron a casa, contaron a la iglesia las grandes cosas que Dios había hecho con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe para los gentiles.

Entonces llegaron de Judea algunos que enseñaban a los hermanos que no podías ser salvos si no se circuncidaban conforme al rito de Moisés. Pablo y Bernabé tuvieron una fuerte discusión con ellos, y se resolvió que mejor ellos fueran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los apóstoles y los ancianos.

En Jerusalén, Pablo y Bernabé contaron a la iglesia todo lo que Dios había hecho con ellos entre los gentiles. Pero algunos creyentes de la secta de los fariseos se opusieron, diciendo que era necesario circuncidarlos y mandarles a cumplir con la ley de Moisés. Los apóstoles y los ancianos se reunieron para tratar el asunto, y luego de mucho discutir, Pedro se levantó y les dijo:
            - Queridos hermanos, ustedes saben que hace algún tiempo Dios determinó que yo mismo proclamara a los gentiles el mensaje del evangelio, para que creyeran. Y Dios, que conoce los corazones, los confirmó y les dio el Espíritu Santo, lo mismo que a nosotros. Dios no hizo ninguna diferencia entre ellos y nosotros, sino que por la fe purificó sus corazones. Entonces, ¿por qué ponen a prueba a Dios, al imponer sobre los discípulos una carga que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Lo que creemos es que, por la bondad del Señor Jesús, seremos salvos lo mismo que ellos.

Entonces toda la multitud calló, y oyeron el testimonio de Bernabé y Pablo – las grandes señales y maravillas que había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles. Entonces tomó la palabra Jacobo, el hermano de Jesús que había venido a ser una figura prominente de la iglesia en Jerusalén:
            - Hermanos, escúchenme. Simón nos ha contado cómo Dios visitó a los gentiles por primera vez, para añadirlos al pueblo que cree en su nombre. Las palabras de los profetas concuerdan en esto, pues está escrito: “Después de esto volveré, y reedificaré el tabernáculo caído de David; repararé sus ruinas y lo volveré a levantar, para que el resto de la humanidad busque al Señor, y también todas las naciones que invocan mi nombre.” Esto lo dice el Señor; lo ha dado a conocer desde los tiempos antiguos.

Por consejo de Jacobo, la asamblea decidió enviar a los hermanos de entre los gentiles en Antioquía, en Siria y en Cilicia, una carta dando a conocer la resolución de los apóstoles, los ancianos, y toda la iglesia. En la carta hacían constar que ellos no habían enviado a los que los habían perturbado respecto a la circuncisión y enseñanzas de la ley de Moisés. Al Espíritu Santo y a nosotros nos ha parecido bien”, decía la carta, “no imponerles ninguna otra carga, sino sólo esto que necesitan saber: que deben abstenerse de comer lo que se ha sacrificado a los ídolos, de comer sangre o la carne de animales ahogados, y del libertinaje sexual. Harán bien en evitar estas cosas. Que estén muy bien.”

Cuando Pablo y Bernabé llegaron a Antioquía, reunieron a la congregación y entregaron la carta. Y los hermanos se alegraron por el consuelo recibido. Judas y Silas, dos profetas de Jerusalén que habían acompañado la carta, confirmaron en la fe a los hermanos. Después de haber pasado un tiempo con ellos, Judas regresó a Jerusalén, pero Silas prefirió quedarse en Antioquía, donde Pablo y Bernabé continuaron enseñando la palabra del Señor, y anunciando el evangelio a muchos más.

Wednesday, November 25, 2015

Pedro, Mata y Come. (parte 1)

Saulo, el que había consentido con la muerte de Esteban, asolaba la iglesia apresando hombres y mujeres. Iba rumbo a Damasco con cartas del sumo sacerdote para las sinagogas de esa ciudad, cuando tuvo un encuentro con el Señor. Una poderosa luz del cielo lo hizo rodar por tierra, y una voz le habló:
            - Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
            - ¿Quién eres, Señor?
            - Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate y entra en la ciudad. Allí se te dirá lo que debes hacer.

Saulo fue llevado ciego a una casa en la Calle Derecha. Por tres días oró sin comer ni beber nada, y tuvo una visión en la que un varón llamado Ananías entraba y le imponía las manos, con lo que le hacía recobrar la vista. Ananías era un discípulo del Señor que vivía en Damasco. Él también tuvo una visión donde el Señor decía que Saulo sería un instrumento escogido que llevaría el nombre de Jesús a las naciones. Entrando en la casa, Ananías le impuso las manos para que recobrase la vista y fuese lleno del Espíritu Santo. Saulo recibió la vista, fue bautizado y se quedó los siguientes días con los discípulos en Damasco.

Pasados tres años, Saulo subió a Jerusalén con la intención de ver a Pedro y reunirse con los discípulos. Pero todos le tenían miedo porque no creían que fuera uno de ellos, hasta que uno llamado Bernabé llevó a Saulo ante Pedro y Jacobo, el hermano de Jesús. Después de contarles cómo había conocido a Jesús, y con qué valor había predicado de él en Damasco, Saulo pudo quedarse en Jerusalén con ellos. Pero tal era su celo discutiendo con los griegos, que éstos tramaban matarlo. Y tras sólo quince días en Jerusalén, los hermanos lo llevaron hasta Cesarea y lo enviaron a Tarso para protegerlo.

Mientras tanto, las iglesias en toda Judea, Galilea y Samaria vivían en paz. Como su número aumentaba por la fuerza del Espíritu Santo, Pedro las visitaba, edificándolas en el temor del Señor. En Lida, Pedro sanó a un hombre que tenía ocho años paralítico. Y en Jope resucitó a una discípula llamada Dorcas. Estos milagros hacían que muchos más creyeran en el Señor.

Pedro se quedó muchos días en Jope, en la casa de un curtidor llamado Simón. Un mediodía, subió a la azotea para orar y tuvo gran hambre, pero le sobrevino un éxtasis. Vio el cielo abierto, y que bajaba a la tierra algo parecido a un gran lienzo atado de las cuatro puntas; en él había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo. Y le vino una voz:
            - Levántate, Pedro, mata y come.
            - Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás.
            - Lo que Dios limpió, no lo llames tú común.

Tres veces sucedió esto; luego el lienzo fue recogido en el cielo. Pedro estaba perplejo y se preguntaba qué significaría la visión. En eso llegaron a la casa unos hombres preguntando si allí estaba hospedado un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Mientras tanto, el Espíritu Santo le decía a Pedro: “Tres hombres te buscan. No dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado.” Entonces Pedro bajó y les dijo:
            - Yo soy Pedro. ¿Para qué me buscan?
            - Nos envía el capitán Cornelio, que es un hombre bueno y obedece a Dios. Todos los judíos lo respetan mucho. Un ángel del Señor se le apareció y le dijo: “Haz que Pedro venga a tu casa, y escucha bien lo que va a decirte.”

Al amanecer, Pedro se fue con ellos hacia Cesarea, acompañado de seis de los discípulos de Jope. Cuando llegaron a la casa, Cornelio salió a recibirlos y se postró a los pies de Pedro; pero él le levantó, diciendo:
            - Levántate, pues yo mismo también soy hombre.

Entrando Pedro, halló a muchos allí reunidos, pues Cornelio había convocado a sus parientes y amigos más íntimos. Pedro les dijo:
            - Ustedes deben saber que a nosotros, los judíos, la ley no nos permite juntarnos con extranjeros. Pero Dios me ha mostrado que yo no debo rechazar a nadie. Por eso he aceptado venir a esta casa. Díganme, ¿para qué me han hecho venir?
            - Hace cuatro días, como a las tres de la tarde, yo estaba aquí en mi casa, orando. De pronto se me apareció un hombre con ropa muy brillante, y me dijo: “Cornelio, Dios ha escuchado tus oraciones, y ha tomado en cuenta todo lo que has hecho para ayudar a los pobres. Envía a Jope unos mensajeros, para que busquen a un hombre llamado Pedro, que está viviendo junto al mar en casa de un curtidor de pieles llamado Simón. Enseguida envié a mis mensajeros, y tú has aceptado muy amablemente mi invitación. Todos estamos aquí, listos para oír lo que Dios te ha ordenado que nos digas, y estamos seguros de que él nos está viendo en este momento.
            - ¡Ahora comprendo que para Dios todos somos iguales! Dios ama a todos los que lo obedecen, y también a los que tratan bien a los demás y se dedican a hacer lo bueno, sin importar de qué país sean. Éste es el mismo mensaje que Dios enseñó a los israelitas por medio de Jesús, el Mesías y Señor que manda sobre todos; para que por medio de él todos vivan en paz con Dios.

Pedro siguió hablándoles de Jesús – cómo fue bautizado, las bondades y sanidades que hizo por el poder del Espíritu Santo, que murió crucificado pero resucitó al tercer día y se les apareció vivo. “Dios lo ha puesto por Juez de vivos y muertos. Los profetas hablaron acerca de Jesús, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” Todavía estaba hablando Pedro cuando, de repente, el Espíritu Santo vino sobre todos los que estaban escuchando el mensaje. Y comenzaron a hablar en lenguas, magnificando a Dios.

Los que habían venido de Jope con Pedro se quedaron sorprendidos al ver que el Espíritu Santo había venido también sobre los que no eran judíos. Entonces Pedro recordó algo que les había dicho Jesús: “Juan bautizó en agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.” Entendiéndolo, exclamó, “¡Ellos han recibido el Espíritu Santo, igual que nosotros; así que nadie puede impedir que también los bauticemos!” Todos fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y Pedro se quedó en casa de Cornelio algunos días más.

Las noticias de lo acontecido viajaron pronto a Jerusalén, pero no fueron bien recibidas por todos. Cuando Pedro llegó, los hermanos judíos comenzaron a disputar con él, inquiriendo por qué había entrado en casa de gentiles y comido con ellos. Pedro les relató por orden todo lo sucedido – la visión que tuvo en Jope y la voz venida del cielo, los hombres que llegaron a buscarlo y la instrucción del Espíritu Santo de ir con ellos, Cornelio y el mensaje del ángel que lo visitó. Finalmente agregó, “Cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, como sobre nosotros al principio. Si Dios les concedió también el mismo regalo que a nosotros, ¿quién era yo para ponerme en contra de lo que él ha decidido hacer?

Cuando oyeron esto, dejaron de discutir y glorificaron a Dios. ¡Así que también a los gentiles Dios les ha permitido arrepentirse y tener vida eterna!

Wednesday, November 18, 2015

Siervo y Apóstol de Jesucristo (parte 4)

Tomando el consejo de Mamá, de allí en adelante iniciaba mi viaje diario con una corta oración. “Señor te pido que me cuides en la carretera, que me protejas, y que me libres de todo accidente. Amén.” El resto del camino escuchaba las grabaciones de Betty y Verónica. Poco a poco, algo extraño comenzó a suceder: Cada día oraba un poquito más. Al principio era apenas perceptible; pero después de un tiempo me encontré platicando con Dios a lo largo del camino hasta el proyecto.

Estaba yo en los preparativos para fundir la losa de entrepiso de la casa de Mamá cuando llegaron visitas a Ministerio Un Nuevo Amanecer. John y Reneé Parault eran una pareja de ministros estadounidenses que desde hacía muchos años viajaban a Honduras, predicando en iglesias de amigos en el norte y centro del país.

Además de ser un santo varón de Dios, el hermano John era el tipo de hombre al que le gusta hacer cosas con sus manos, y nunca desaprovechaba una oportunidad para aprender algo útil. Enterado de que yo estaba edificando con un sistema constructivo desconocido para él – styrofoam reforzado - pidió conocer el proyecto. Gustosamente le di un recorrido, explicándole todo sobre el diseño, el sistema y los demás materiales. Le interesó mucho que estuviésemos usando bambú para los postes del encofrado de la losa, y acordamos que por la tarde me acompañaría a la ribera del río, donde me habían concedido permiso de cosechar cuanto bambú necesitara.

Sabiendo del aprecio que yo les tenía a los Parault, Mamá me invitó a almorzar con ellos. Naturalmente, la conversación evolucionó hacia asuntos ministeriales. Como la mayoría de las personas que no están en Cristo, yo tenía muchos prejuicios contra los ministros. No contra los Parault, pero contra los ministros en general. De hecho, el hermano John me inspiraba tanta confianza que sentí que él podría responder a algunas de mis querellas.
            - Si se supone que la Biblia ya contiene la Palabra de Dios revelada a los hombres, ¿por qué los ministros siguen escribiendo libros?
            - Si bien tenemos la Biblia, no lo entendemos todo. Dios todavía nos está revelando las verdades de la Biblia. Si alguien recibe revelación de Dios respecto a un asunto, ¿no crees que debería compartirlo con los demás?
            - Bueno… Sí, claro… Pero, ¿por qué los predicadores de hoy hacen todo tan complicado, si Jesús más bien enseñaba en parábolas sencillas para que todos entendieran?
            - Ah, pero estás equivocado, ¿ves? Porque la Biblia dice que Jesús enseñaba en parábolas para que la gente NO entendiera.

Cuando se está construyendo un arco de piedras labradas, se usa un encofrado con la forma del arco. Sobre él se colocan las piezas angulares llamadas dovelas, edificando ambos lados, de abajo hacia arriba. Finalmente se coloca la dovela central, llamada clave. El encofrado puede ahora ser retirado, pues el arco está equilibrado, transmitiendo las cargas desde la clave hacia las demás dovelas hasta las columnas, muro u otra estructura que sostiene el arco. Pero si la clave llega a ser removida, ¡todo el arco colapsa!

Hasta este día, aún no entiendo por qué yo había apostado tanto a la simple idea de que Jesús predicaba para ser entendido por todos. Pero era un nido de soberbia. Una excusa para no escuchar a los predicadores. Una justificación para formar mi propia imagen de Dios y mi propio evangelio; mi propia versión del cielo, y mi propio camino para alcanzarlo. Con sus palabras cargadas de verdad y compasión, el hermano John había retirado la clave de mi arco, y mi visión humanista de Dios se vino abajo.

Esa tarde, mientras los obreros cargaban el bambú al pick-up, el hermano John preguntó si podía orar por mí. En el sector de Guaruma, junto al Río Chamelecón, el ministro de Dios puso su mano sobre mi hombro y elevó una sencilla oración que cambió el curso de mi vida.

Me sentía más cerca de Dios. Tanto, que una mañana se me ocurrió que quizás Dios podría ser más importante que la música. Era como si el Señor estuviera gentilmente pidiéndome que le cediera el trono que hasta ahora ocupaba mi música. Esa mañana hice una oración que cambiaría mi vida para siempre: “Señor, si Tú me lo pidieras… Creo que estaría dispuesto a consagrarte mis habilidades musicales y usar mi equipo de producción exclusivamente para ti…”

No había pasado ni medio día cuando recibí una llamada urgente de San Pedro Sula. Los ladrones habían entrado a mi casa. Se llevaron el televisor, mi colección de CDs, mi equipo de sonido, mi equipo de producción… y a Betty y a Verónica.

Wednesday, November 11, 2015

Siervo y Apóstol de Jesucristo (parte 3)

Viviendo en Río Piedras, era yo un tecladista sin teclado; un productor musical sin herramientas de producción. Mi oportunidad dorada llegó con una llamada de mi abuela – irónicamente, puesto que fue antes de que yo le confesara mi hurto. Necesitaba viajar a Estados Unidos para un chequeo médico y quería saber si yo estaría dispuesto a acompañarla, con gastos pagados. Obviamente, ¡sí!

Nuestra estadía en Nueva Orleans coincidió con la celebración de Mardi Gras, de manera que complementamos las visitas a la clínica con coloridos desfiles donde especímenes extraños arrojan collares de cuentas desde carrozas estrambóticas, y con un café au lait con beignets en Café du Monde.

Un tío político que allí vivía ofreció gentilmente darme un recorrido nocturno por la ciudad. El paseo por el sector francés fue ilustrativo, mas no decadente – quizás porque no era muy tarde – pero sí había un aire irreverente en las calles llenas de artistas bohemios, psíquicos callejeros y exhibicionistas públicos. La famosa Bourbon Street era prácticamente un gran bar en forma de calle, con salones diversos a cada lado. Afuera del House of Blues, una estatua viva se paraba con mano extendida. A insistencia de mi tío, estreché su mano, pero cuando quise retirarme, no pude. Aquel hombre inmóvil no me dejaría ir hasta que pagara el precio correcto, pero ¿Quién para saberlo? Así que me paralicé yo también y reforcé mi apretón de mano, emulando los movimientos robóticos que él hacía cada tantos segundos. Viendo el timador que ahora era el timado, el tipo se echó a reír y me soltó.

Nueva Orleans era una extraña mezcla para mí. Por un lado, era una gran concentración de hondureños – la tercera más grande del mundo, me dijeron. Había supermercados abastecidos con nacatamales, frijoles Natura’s, y tajaditas de plátano Zambos. Pero la arquitectura del casco urbano, con sus casas de madera, corredores frontales y balcones de hierro forjado, era definitivamente francés. Era una ciudad de parranda, pero comunitariamente era sólo el pueblo fantasma de una era gótica. Fue una cuna del blues y del jazz, pero a la vez era el hogar de Trent Reznor y su banda de música industrial Nine Inch Nails. Esa diversidad la convertía en el lugar ideal para invertir todos mis ahorros en la compra de equipo para producción musical.

Volví a casa con dos teclados, un secuenciador, cables, audífonos, y parlantes; pero más importante, con un renovado deseo de realizar mis aspiraciones musicales. En la serie de comics Archie, Betty y Verónica son las mejores amigas y peores enemigas compitiendo por el afecto de Archie. La rubia Betty es dulce y noble, en contraste con la malcriada y adinerada morena Verónica. Así que nombré Betty al sencillo y confiable teclado Roland XP-10, y Verónica al sofisticado y emocionante Roland JP-8000. Betty reproducía fieles pianos, violines y trompetas; mientras que Verónica enriquecía con su potente sintetizador y múltiples controladores. Un secuenciador Roland MC-50 mkII comunicaba ambos teclados y me permitía el control necesario para finalmente comenzar a vivir mi sueño de producir mi propia música.

Rigo y Mamá vendieron su casa de muchos años en la Zona Americana y me contrataron para diseñarles y construirles una casa en Campo Dos. Comencé a viajar todos los días de San Pedro Sula a La Lima. Sutil e inadvertidamente, mi presencia en La Lima me acercó a algunas actividades periféricas de Ministerio Un Nuevo Amanecer. Un día Mamá me pidió ayuda produciendo un CD con la música de la líder de alabanza del Ministerio. Me dio total libertad creativa. ¡Hasta me dio dos casetes, de 90 minutos cada uno, repletos con las canciones proféticas de la hermana Mirlen, para que yo los escuchara detenidamente y decidiera cuáles tenían el mayor potencial para el proyecto!

De día trabajaba en la construcción de la casa; de noche producía con Betty y Verónica la música de Mirlen. Cuando terminaba una pista instrumental, la exportaba a casete para escucharlas en la carretera, imaginando arreglos de voces. Una vez que tuve suficientes pistas, comenzamos a planificar sesiones de ensayo con Mirlen.

Cierta mañana, camino hacia La Lima, escuchaba lo que ensayaríamos esa tarde cuando un pequeño turismo que intentaba rebasarme por la derecha se me echó encima. ¡Por una corchea logré evitar una colisión seria! Me bajé para encontrar el costado derecho de mi carro ligeramente abollado y raspado. Fui a confirmar si estaba bien la conductora del turismo, y salió una cincuentona de baja estatura y cabello pintado en rojo, alegando descaradamente que yo iba muy rápido. Por más que quise hacerla entender que yo iba dentro del límite de velocidad y que de todos modos fue ella quien se lanzó contra mí – como atestiguaban los raspones – fue inútil. Lanzando las manos al aire y gritando escaramuzas, se subió a su carro y se marchó. ¡La insolencia!

La casa estaba siendo construida en las inmediaciones del Ministerio. Desde su oficina, Mamá supo que algo andaba mal cuando me vio llegar al sitio.
            - ¿Pasa algo, hijo?
            - Una doña me chocó el carro, entre la Satélite y la Planeta.
            - Pero ¿estás bien?
            - Sí, bien. Sólo me raspó el carro.
            - Y ¿qué hicieron? ¿Llamaron a tránsito?
            -¡Qué va! La doña me echó a mí la culpa y se fue.
            - Hijo, Rigo y yo servimos al Señor. Debes saber que ahora que estás ayudándonos con la casa, el diablo querrá impedirlo. Te pido que ores al Señor cuando salgas a la carretera, porque sólo Él te puede guardar.

Wednesday, November 4, 2015

Siervo y Apóstol de Jesucristo (parte 2)

Aún hablaban con el pueblo, cuando llegaron los sacerdotes y los saduceos – un grupo del judaísmo que no cree en la resurrección – con el jefe de la guardia del templo. Arrestaron a Pedro y a Juan y los encarcelaron. Al día siguiente se reunieron los gobernantes y todos los líderes religiosos para interrogarlos:
            - ¿Con qué autoridad, o en nombre de quién hacen ustedes esto?
            - Gobernantes y ancianos del pueblo: Ya que hoy se nos interroga acerca del beneficio otorgado a un hombre enfermo, y de cómo fue sanado, sepan todos ustedes, y todo el pueblo de Israel, que este hombre está sano en presencia de ustedes gracias al nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de los muertos. Este Jesús es la piedra que ustedes, los edificadores, rechazaron, y que no obstante ha llegado a ser la piedra angular. En ningún otro hay salvación, porque no se ha dado a la humanidad ningún otro nombre bajo el cielo mediante el cual podamos alcanzar la salvación.

Los líderes dialogaron entre sí. El hombre que había sido sanado estaba allí; era una señal milagrosa innegable, y todo el pueblo glorificaba a Dios por ello. Pero para que no se divulgara más, advirtieron a Pedro y Juan que no debían volver a hablar acerca del nombre de Jesús. Pero ellos respondieron que no podían dejar de hablar acerca de lo que habían visto y oído. Como los líderes no hallaban modo de castigarlos, sólo los amenazaron y los dejaron en libertad.

Pedro y Juan fueron con los suyos y les contaron todo. Entonces juntos oraron a Dios pidiéndole mayor valor para predicar Su palabra, así como más sanidades y señales y prodigios en el nombre de Jesús. ¡Cuando terminaron de orar, el lugar donde estaban congregados tembló! Todos fueron llenos del Espíritu Santo y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno.

Los discípulos convivían en armonía, compartiendo todas las cosas de manera que no había necesitados entre ellos. Algunos hasta vendían sus propiedades y entregaban el dinero a los apóstoles para ser repartido según las necesidades. Pero una pareja, Ananías y Safira, sintió celos de la generosidad de los que hacían tales cosas. Vendiendo un terreno, trajeron el dinero a los apóstoles; dijeron que era todo el dinero de la venta, cuando en realidad habían sustraído una parte. Este engaño les costó caro, pues cuando Pedro los cuestionaba sobre por qué le habían mentido a Dios, murieron instantáneamente. Los juicios del Señor son justos y verdaderos.

Todos supieron de esto y se llenaron de miedo. Ninguno del pueblo se atrevía a juntarse con ellos cuando se reunían en el pórtico de Salomón, pero los elogiaban mucho. Les traían a sus enfermos y a los atormentados por espíritus inmundos, y todos eran sanados. Dios hacía muchas señales y prodigios entre el pueblo y el número de hombres y mujeres que creían en el Señor iban aumentando.

Los líderes religiosos se llenaron de celos y encarcelaron a los apóstoles, pero en la noche un ángel del Señor los libertó para que fueran a enseñar al templo. El día siguiente los volvieron a arrestar y los presentaron ante el concilio. El sumo sacerdote les dijo:
            - ¿Acaso no les dimos órdenes estrictas de no enseñar en ese nombre? ¡Ahora han llenado a Jerusalén de su doctrina, y quieren culparnos de la muerte de ese hombre!
            - Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros antepasados resucitó a Jesús, el mismo al que ustedes mataron y colgaron de un madero. Pero Dios, por su poder, lo ha exaltado y sentado a su derecha como Príncipe y Salvador, dando a Israel la oportunidad de arrepentirse y de que sean perdonados sus pecados. De esto somos testigos nosotros, y también el Espíritu Santo, que Dios ha dado a quienes lo obedecen.

Los líderes se enfurecieron y querían matarlos, pero Gamaliel, un respetado doctor de la ley, les hizo ver que si el movimiento de los discípulos de Jesús era de carácter humano, se desvanecería; pero si era de Dios, no lo podrían destruir. Así que azotaron a los apóstoles, les advirtieron que no siguieran hablando en el nombre de Jesús y los pusieron en libertad. Los apóstoles salieron del concilio felices de haber sido hallados dignos de sufrir por causa del nombre de Jesús. Y no dejaban de enseñar y predicar, en el templo y por las casas, las buenas noticias de Cristo Jesús.

Como el número de los discípulos iba en aumento, comenzaron a presentarse conflictos internos; murmuraciones y acusaciones de segregación. Esto llevó a los apóstoles a gestionar que los discípulos eligieran diáconos que se ocuparan de asuntos administrativos como la repartición diaria de ayudas a las viudas. Así los apóstoles podrían concentrarse en orar y proclamar la palabra. Así se multiplicaba el número de los discípulos en Jerusalén, y aun creyeron muchos de los sacerdotes.

Un diácono llamado Esteban realizaba grandes prodigios y señales entre el pueblo. Unos judíos se pusieron a discutir con él, pero no podían superar su sabiduría. Sobornando falsos testigos contra él, instigaron al pueblo y a los líderes, los cuales lo llevaron con violencia ante el concilio. Esteban presentó su defensa magistralmente, demostrando por las Escrituras que Jesús, al cual ellos habían matado, era en efecto el Mesías anunciado por los profetas de antaño; profetas a los cuales mataron los antepasados de los líderes religiosos que hoy estaban en el concilio. Ellos se enfurecieron y arremetieron contra Esteban, sacándolo de la ciudad. Los falsos testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven fariseo llamado Saulo, y apedrearon a Esteban hasta que murió.

Una gran persecución se desató contra la iglesia en Jerusalén, con Saulo encarcelando a hombres y mujeres. Muchos discípulos se dispersaron por Judea y Samaria, pero anunciaban el evangelio donde iban. Un diácono llamado Felipe llegó hasta Samaria; predicando a Cristo y haciendo milagros, sanidades y liberaciones. La gente escuchaba alegremente las buenas noticias y muchos se bautizaron cuando creyeron. Cuando supieron de esto en Jerusalén, los apóstoles enviaron a Pedro y a Juan, quienes oraron por los nuevos discípulos y les impusieron las manos para que recibieran el Espíritu Santo.

Había allí un hombre llamado Simón, que antes había engañado a mucha gente con las artes mágicas que practicaba. Pero al presenciar los grandes milagros que Felipe hacía, había creído y se había bautizado. Ahora, viendo que por la imposición de manos de los apóstoles se recibía el Espíritu Santo, le ofreció dinero a Pedro, diciéndole:
            - Denme también a mí este poder, para que cuando yo imponga las manos sobre cualquier persona, ésta reciba el Espíritu Santo.
            - ¡Que tu dinero perezca contigo, si crees que el don de Dios puede comprarse! Tú no tienes nada que ver en este asunto, porque en tu interior no eres recto con Dios. ¡Arrepiéntete de tu maldad, y ruega a Dios! Tal vez te perdone por ese mal pensamiento. Por lo que veo, estás en manos de la amargura y la maldad.
            - Rueguen por mí al Señor, para que no me sobrevenga nada de lo que han dicho.

¡Y pensar que Pedro una vez fue un Simón! Hasta que el Maestro le mostró – a través de la pesca milagrosa, de la multiplicación de los panes y peces, el pago del impuesto, y múltiples enseñanzas más – que en la vida hay cosas mucho más importantes que el dinero. “Manténganse atentos y cuídense de toda avaricia,” les dijo en cierta ocasión; “porque la vida del hombre no depende de los muchos bienes que posea.”

Y después de haber testificado y proclamado la palabra de Dios, volvieron rumbo a Jerusalén, anunciando el evangelio en muchas poblaciones de los samaritanos.

Friday, October 30, 2015

Siervo y Apóstol de Jesucristo (parte 1)

Después de que Jesús ascendió al cielo, los discípulos se reunieron en Jerusalén y permanecían en oración. Había como ciento veinte congregados cuando Simón hizo notar la necesidad de elegir al sucesor de Judas. La suerte recayó en Matías, quien a partir de entonces fue contado entre los apóstoles.

Pentecostés es una de las principales fiestas judías. Los judíos piadosos de todo el mundo viajan a Jerusalén para vivir durante unos días en tiendas o estructuras temporales, conmemorando la peregrinación del pueblo de Israel por el desierto rumbo a la tierra prometida, en tiempos de Moisés. Ahora había llegado el día de Pentecostés, y Jerusalén estaba llena de gente de todas las naciones conocidas; partos, medos, elamitas, romanos, cretenses, árabes, y habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, y de las regiones de África más allá de Cirene.

Los discípulos de Jesús estaban juntos en el aposento alto donde acostumbraban reunirse. De pronto hubo un gran estruendo y un fuerte viento del cielo llenó todo el lugar. Aparecieron unas lenguas como de fuego, posándose sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas - idiomas desconocidos para ellos.

Con el estruendo, una gran multitud se juntó afuera del lugar donde estaban los discípulos. Milagrosamente, todos en la multitud oían a aquellos hablar en su propia lengua acerca de las maravillas de Dios, y estaban perplejos. Confundidos, se preguntaban:
- ¿Qué significa esto?
- ¿No son galileos todos estos que están hablando?
- ¿Cómo es que los oímos hablar en nuestra lengua materna?

Entonces los apóstoles se pusieron de pie ante la multitud, y uno de ellos tomó la palabra. Era Simón, pero no realmente. No era aquel Simón que había negado a Jesús en el patio del sumo sacerdote. Este hombre hablaba con potente voz y con gran autoridad. Explicaba con gran revelación espiritual sobre las palabras del profeta Joel y del Rey David, demostrando que Jesús es el Mesías enviado y testificando de su resurrección. Este varón exhortaba con vehemencia a la multitud a creer en Jesucristo, a arrepentirse y bautizarse, y a recibir la promesa del Espíritu Santo. Con muchas otras palabras los animaba a ser salvos, y como tres mil personas recibieron su palabra y fueron bautizados. Este no era Simón; no realmente. Era Pedro.

El arquitecto que inspecciona la construcción de la casa que diseñó, no menosprecia ni desecha la obra porque está incompleta, sino que la compara con el diseño. Asimismo, cuando Dios nos mira, lo hace conforme a su diseño. Lo que somos no es aún lo que hemos de ser. Dios está trabajando en nosotros, como el que se sienta a pulir la plata pacientemente hasta dejarla brillante.

Pedro el apóstol – el diseño de Dios para el hombre que inició como Simón el pescador – se dejaba ver ahora más claramente que nunca. Bajo las enseñanzas de los apóstoles, una nueva comunidad comenzaba una vida fresca de alegría, unidad y compañerismo; de oraciones, señales y maravillas; de compartirlo todo y comer juntos con sencillez de corazón. Y Pedro era el líder indiscutible de la iglesia naciente.

Un día, Pedro y Juan subían al templo para orar. En la puerta llamada “la Hermosa”, un hombre cojo de nacimiento les rogó que le dieran limosna. Pedro, fijando en él la mirada, le dijo: “¡Míranos! No tengo oro ni plata, pero de lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!” Pedro tomó al hombre de la mano y lo levantó. ¡Inmediatamente se le afirmaron los pies y los tobillos! De un salto, el hombre se puso en pie y entró con ellos en el templo, saltando y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio y lo reconoció, y se quedaban admirados.

Sucedido esto, una gran multitud se juntó. Una vez más, Pedro tomó la palabra y comenzó a predicar que Jesús era el Mesías; que ellos lo habían crucificado en ignorancia, pero que Dios lo había resucitado de entre los muertos. Y que por la fe en Jesús, Dios había sanado al cojo completamente en presencia de todos. “Ustedes,” les dijo Pedro, “son herederos del pacto que Dios hizo con nuestros antepasados, cuando le prometió a Abrahán: ‘En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra.’ Cuando Dios resucitó a su Hijo, en primer lugar lo envió a ustedes para bendecirlos, y para que cada uno de ustedes se convierta de su maldad.”

Y miles de personas creyeron en Jesús en ese momento, arrepintiéndose de sus pecados y volviéndose a Dios.

Wednesday, October 21, 2015

Tú Sabes Que Te Amo (parte 4)

Esa misma noche decidí mudarme. Casualmente, Meike estaba buscando con quien compartir gastos de vivienda, y acabamos alquilando una casa en Río Piedras. Uniendo los pocos muebles que cada uno tenía, pasaba por una casa habitable. ¿Qué importaba que la vajilla estuviera compuesta de los restos de muchas otras vajillas? Durante la siguiente temporada, ése fue mi hogar, y Meike llegó a ser como una hermana.

Para ser exitoso en la arquitectura, no basta con ser buen diseñador. También hay que saber vender. Y como el arquitecto generalmente presenta ideas antes que edificios concretos, realmente tiene que saber venderse a sí mismo. Siendo que me crie en La Lima y estudié en Tegucigalpa, no conocía mucha gente en San Pedro Sula que me pudiese encargar proyectos apetecibles. Procuré aprovechar los contactos de Papá – haciendo una ampliación aquí, un diseño allá – pero realmente no era muy rentable.

De repente se me presentó la oportunidad de un proyecto de diseño gráfico. Había aprendido a manejar los principales programas de diseño gráfico en mis días universitarios, trabajando unas vacaciones en la imprenta de Rigo (mi segundo padre). Aplicando ahora los conocimientos de diseño que había adquirido en la universidad, inicié una etapa de diseñador gráfico que resultó ser más lucrativa que mi ejercicio de la arquitectura.

Cuando un valioso cliente de artes gráficas decidió remodelar el interior de sus oficinas, yo estaba convenientemente ubicado para tomar el proyecto junto con una diseñadora de interiores llamada Doris. Fuimos compañeros en los primeros años de universidad, pero perdimos contacto desde que se cambió de carrera. Me enteré que se había trasladado a San Pedro Sula recientemente cuando la encontré abriendo una tienda en el mismo edificio de mi cliente.

Mientras discutíamos ideas, ella sugirió usar chairrails – molduras horizontales, generalmente de madera, que se fijan a la pared para protegerlas de los rayones ocasionados al mover sillas. Yo nunca había oído hablar de ellas, pero fuimos a consultar con don Eduardo Lacayo, especialista de acabados de Distribuidora de Pinturas, quien nos dirigió a Urbana, una tienda de accesorios de decoración a pocas cuadras.

Difícilmente podría haber andado más deschavetado ese día. Despeinado, sin rasurar, sin bañar, con una camiseta negra floja y descosida del ruedo inferior, jeans rotos… Era un simple reflejo de mi condición interior. Quizás el mejor look para un concierto de rock, pero no el más adecuado para visitar proveedores. Cosa que lamenté en cuanto salió a recibirnos la ejecutiva de ventas de Urbana.

Había venido a trabajar a esta empresa de diseño de interiores después de algunos años en la inmobiliaria del Ingeniero Paredes. Su nombre: Abbie. Nuestras sendas se habían cruzado efímeramente antes, pero ahora no había nada que me impidiera apreciarla. Era alta, esbelta y de ojos amables. Vestía un chaleco de suéter de punto color azul sobre una camisa manga larga blanca y jeans. Cuando estrechó mi mano, lo hizo con firmeza; no como el pescado muerto que entregan por saludo las muchachas inseguras. ¡Quedé prendido al instante!

Esa misma tarde pasé por Abbie para que me diera su opinión sobre cómo decorar las oficinas de Papá en la estación de servicio. Aproveché para que mostrara los proyectos donde estaba instalando molduras de poliuretano – fuera lo que fuera eso. El día siguiente logré que me acompañara a tomar unas fotos para un cliente. De regreso, le pregunté:
            - ¿Vas a alguna iglesia?
            - No, pero he tenido deseos de ir. Realmente sólo hay una iglesia a la que iría, pero queda en La Lima.
            - ¿Ah, sí?
            - Una mujer es la pastora.
            - ¿En serio?
            - Talvez la hayas oído mencionar. La llaman la hermana Emma Amelia.
            - ¡Ja, ja, ja!
            - ¿Qué pasa? ¿La conoces?
            - ¡Es mi mamá!

Ahí mismo di la vuelta y llevé a Abbie a conocer a Mamá. Poco después se estaba congregando en Ministerio Un Nuevo Amanecer.

Platicando con Meike una de esas noches, le conté cómo Abbie era distinta a cualquier persona que hubiera conocido antes. Generalmente tenía que esforzarme mucho para que mis relaciones interpersonales fueran exitosas; pero con Abbie no había fricción. Abbie, me parecía a mí, podría ser la indicada. Y Meike, que para entonces me conocía tan bien, lo confirmaba.

Abbie dejó su empleo en Urbana. Juntos fundamos una empresa de diseño, a la cual dimos el infructuoso nombre de Sphaira, S. de R. L. – un nombre tan difícil de escribir y de pronunciar que estaba predestinado a desaparecer. Como Abbie conocía mucha gente y ofrecía un servicio de primera, había suficientes trabajo para mantenernos ocupados. Pero nuestros clientes parecían estar más interesados en embellecer sus exteriores residenciales, así que incorporamos paisajismo y fachadismo al ofrecimiento de nuestros servicios profesionales.

No hicimos el mejor uso del capital inicial de la empresa. Decoramos y amueblamos una oficina que los clientes no visitaban, porque nosotros íbamos a ellos. Compramos tres computadoras donde una habría bastado. Mandamos a imprimir papelería cara que nunca gastamos. Compramos una enciclopedia de escaparatismo que no nos sirvió de nada. Pero a pesar de todo, me sentía bien. Tenía una chica elegante, un carro de agencia, y dinero en el banco. Era mi propio jefe en mi propia empresa y me ganaba la vida haciendo cosas que disfrutaba: diseñar, dibujar, y construir.

Para cerrar el círculo de lo que yo pensaba que sería para mí la vida perfecta a los veinticinco años de edad, sólo me faltaba realizarme musicalmente. Pero para eso necesitaría más que el viejo requinto que compré usado en una oscura casa de empeños.