Wednesday, December 23, 2015

Epílogo

Sin duda alguna, Jesucristo vino para darnos vida eterna a TODOS los que creamos en él. Pero lo hizo conforme a un plan. Vino primero a los judíos, para después ser predicado entre los gentiles. Sus primeros doce apóstoles fueron enviados “a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Simón Pedro era uno de los doce. Y si bien fue enviado donde Cornelio como testigo de la primicia del derramamiento del Espíritu Santo entre los gentiles, realmente es considerado un “apóstol a los judíos”.

Pablo, por otra parte, es un “apóstol a los gentiles”. Aunque haya sido un fariseo celoso del judaísmo antes de conocer a Jesucristo, y a pesar de que acostumbraba predicar primeramente a los judíos cuando entraba a un nuevo territorio. La revelación que el Espíritu Santo nos entregó a través de Pablo nos ha sacado de oscuras cárceles de ignorancia y nos ha librado de caer en pozos profundos de error.

En su carta a la iglesia de Galacia, Pablo escribe del respeto mutuo que él y Pedro tienen por las labores del otro. “[Jacobo, Pedro y Juan], que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuéramos a los no judíos, y ellos a los judíos.”

Pero posteriormente hubo un incidente desagradable cuando Pedro fue a Antioquía – el territorio de Pablo. Resulta que durante su visita, Pedro comía tranquilamente con los gentiles. Esto es, hasta que llegaron “algunos de parte de Jacobo”. Después de eso, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los partidarios de la circuncisión. (Para los judíos es abominación comer con gentiles. Creen que se contaminarán y quedarán ritualmente impuros, excluidos temporalmente de la asamblea.) Hubo otros judíos, incluyendo a Bernabé, que también fueron arrastrados a esta hipocresía. Entonces Pablo, viendo que no andaban rectamente y conforme a la verdad del evangelio, le reprochó a Pedro delante de todos:
            - Si tú, que eres judío, no vives como los judíos sino como los gentiles, ¿por qué obligas a los gentiles a hacerse judíos?

No sabemos con certeza cómo terminó la escena. Pero podemos notar en la segunda carta de Pedro el respeto que tiene por Pablo y cómo reconoce su autoridad:
Tengan presente que la paciencia de nuestro Señor significa salvación, tal como les escribió también nuestro querido hermano Pablo, con la sabiduría que Dios le dio. En todas sus cartas se refiere a estos mismos temas. Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tergiversan, como lo hacen también con las demás Escrituras, para su propia perdición.
2 Pedro 3:15-16

Según la tradición, Pedro y Pablo ambos enseñaron en Corinto y en Italia. Y ambos sufrieron martirio bajo el tiránico emperador Nerón alrededor del mismo tiempo. En el año 64, Pedro fue crucificado – se dice que pidió ser crucificado cabeza abajo por no considerarse digno de morir del mismo modo que Jesús. En el año 67, Pablo fue decapitado – se presume que fue eximido de morir crucificado por ser ciudadano romano. Ambos murieron por su fe en Jesucristo y por predicar el evangelio.

Cada quien tiene un propósito en esta vida, pero nadie es absoluto. Nuestros diseños individuales son sólo parte de un diseño maestro. Nos guste o no, estamos interconectados. Lo que recibimos, hemos de desarrollarlo a lo mejor de nuestra habilidad y conforme a nuestro diseño individual. Para luego devolverlo – transferirlo a aquellos que lo requieran para seguir desarrollándolo según su diseño individual. Pablo podrá tener más epístolas que Pedro, pero él mismo escribe acerca de su propio apostolado: “A decir verdad, yo soy el más pequeño de los apóstoles, y no soy digno de ser llamado apóstol porque perseguí a la iglesia de Dios.”

En las carreras de relevos, se llama testigo al objeto que intercambian los corredores de un mismo equipo, para dar fe de que la sustitución ha sido correctamente ejecutada. En algún sentido, Pablo sólo tomó el testigo de manos de Pedro, quien a su vez sólo lo había tomado de Jesús cuando aún era Simón. Arrancar como Simón y acabar como Pedro. ¡Esa es una buena carrera!

Dios tiene un nombre nuevo para cada uno de sus hijos. Es un nombre que representa lo que Él sabe que somos capaces de ser, aunque por ahora no lo reflejemos. Alcanzar ese potencial debe ser el motivo de nuestra existencia; el propósito de nuestra vida.

Por mi parte, creo que ando cerca de la mitad de mi carrera. He cometido innumerables errores; algunos los he podido enmendar, otros no. Pero doy gracias a Dios de que al menos voy avanzando. Poco a poco. Un paso a la vez. Tratando de correr como debo. Sé que la graduación final será más magnífica que cuando recibí mi título de Arquitecto en el garaje de Papá. Pero hay algo que será igual. Y es que en ese gran día, a los ojos de Dios no seremos más de lo que somos hoy. Porque Él siempre nos mira, nos trata y confía en nosotros conforme a ese nombre que nos dio desde la eternidad. Un nombre nuevo que, con Su ayuda, somos capaces de alcanzar.

Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de Aquel que nos llamó por Su gloria y excelencia. Por medio de ellas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina.
2 Pedro 1:3-4

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