Thursday, December 17, 2015

Pedro, Mata y Come. (parte 4)

Paralelo a mi desarrollo estaba el de Abbie. Resulta que ella se había desenvuelto como actriz en el prestigioso Círculo Teatral Sampedrano. En cuanto se convirtió, puso sus habilidades a los pies de Cristo, sirviendo como directora del grupo teatral de MUNA. Nos casamos en el 2000, y nuestra primogénita Hansi nació en el 2001. Algún tiempo después Abbie comenzó a laborar para MUNA, como encargada de decoración, mantenimiento, y similares. Y mientras crecía en gracia ante Dios y ante la congregación, crecía también en el conocimiento de la danza como medio para adorar al Señor.

Con el tiempo, Abbie y yo comenzamos a dar juntos una clase de discipulado. Luego pasamos a coordinar un sector de discipulado, y después todos los grupos. A mediados del 2005, poco antes del nacimiento de nuestro hijo Ian, nos ungieron como Pastores de Iglesia Piedras Vivas.

Mientras Abbie estaba aún en su reposo post-natal, yo ataqué el pastorado con toda la inmadurez que podría esperarse de un ministro verde. Dicen que aprendemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos. ¡Pues, basta decir que aprendí a toneladas! Gracias a Dios, me encontré rodeado por gente más madura que yo. El Señor, en su infinita gracia, nos permitió a todos salir vivos de esa temporada.

Entré a la Asociación de Pastores de La Lima poco antes de la elección de junta directiva, y me nombraron secretario. Para entonces ya era sabido por otros pastores que el Señor estaba haciendo algo con nosotros con respecto a la adoración, y algunos me preguntaban si dábamos clases. Resolví organizar un congreso para compartir con las iglesias de La Lima todo lo que sabíamos de adoración. Había enseñanzas generales para cualquier hijo de Dios, otras más específicas para líderes de alabanza, y otras para pastores. Todo iba acompañado de ejercicios prácticos sencillos. Lo llamé Adoremos.

Como pastor, vi la necesidad de formar nuevos adoradores en nuestra congregación. Ya había comenzado a formar nuevos cantores y músicos de entre los jóvenes – y ya estaban ministrando – pero hay una diferencia entre cantar y adorar; entre ser un músico y ser un adorador. Así que hicimos Adoremos nuevamente para la iglesia local.

Posteriormente, el Pastor Edy Bonilla nos pidió que fuéramos a impartir Adoremos a su congregación en Yorito, Yoro. Fue la primera vez que salí a impartir con los chicos, y la primera que recibimos una ofrenda por ello. Poco después, el Pastor Remo Bardales nos invitó a impartir Adoremos al grupo de alabanza de Iglesia Piedras Vivas de San Pedro Sula. Luego, a solicitud del creciente número de hijos ministeriales de MUNA, volvimos a impartir Adoremos para un grupo internacional.

Cabe mencionar que para este tiempo, yo seguía dirigiendo Honda & Piedra. Pero eran como dos grupos en uno. Los domingos – para la reunión general de MUNA – dirigía con la alineación clásica: Mirlen, Oscar, Iona, Mari (entonces Martínez, ahora de Vásquez) y yo; agregando posteriormente a Aldo Zelaya (hijo de Mirlen) y José Popoff. Pero los viernes – para la reunión de la iglesia local – dirigía con los jóvenes. Y los CDs estaban saliendo más o menos alternos: uno de adultos, uno de jóvenes.

A mi manera de ver, levantar nuevas generaciones que hagan lo que nosotros hacemos – pero mejor – es parte fundamental de nuestra peregrinación en esta tierra. Con esto en mente, y con la intención de extendernos más allá, produjimos un CD con canciones escritas por niños o para niños. Tomando prestada una línea del Salmo 8, lo titulé “De la Boca de los Niños”. Salió en el 2010 – el año en que nació Joy – y fue el último CD que grabé con Honda & Piedra.

Por un par de años, el Señor me tuvo levantando altares de adoración en secreto. Básicamente significa que varios equipos pequeños visitamos algunos lugares del país, según el Señor señalaba. No había publicidad, convocatoria, ni mayor logística. El equipo simplemente se preparaba en oración, iba al lugar a orar y adorar, y regresaba. A veces, el Espíritu Santo nos ponía en contacto con un pastor local. No siempre entendíamos por qué lo estábamos haciendo, pero no creo que entenderlo haya sido la finalidad.

A inicios del 2012 el Señor me habló de levantarle altares de adoración en el parque central de las 18 cabeceras departamentales de Honduras. Me daba tres años para realizarlo. Durante los primeros meses, sólo Abbie y yo lo sabíamos, y la pasamos orando por dirección divina.

Cuando fui a plantearles el proyecto a Hermano Rigo y Hermana Emma, tuve que abordarlos en la cocina de su casa – donde son más “papás en pantuflas” que “ministros en misión”. Por un momento parecía que se levantarían los instintos de protección de los papás que ponen alto a todo cuando ven que su bebé se va a atorar con un bocado demasiado grande. En ese preciso instante entró el argentino Daniel Farrace (hoy mi cuñado), con su característica precisión divina disfrazada de inoportunidad irreverente:
            - Y… ¿De qué hablan?
            - Que el Señor me habló de levantarle altar de adoración en el parque central de las 18 cabeceras de Honduras en tres años…
            - ¿Ah? Eso mismo es lo que está haciendo Brunet en Argentina. El tipo se va a la plaza, comienza a adorar, y ¡UF! ¡Ha sido una bendición RE-tremenda!
Tomó un banano (¿o fue una plancha?) y se fue. Pero nos dejó a todos más tranquilos de que Dios estaba en este asunto.

Además del personal de oficina, mi equipo básico de trabajo al inicio de este proyecto era el grupo de alabanza de jóvenes, algunos de los cuales ya estaban desafiando la clasificación tradicional de “jóvenes”. Y comenzamos a organizar los primeros seis eventos para el segundo semestre del año. Una razón importante para no iniciar antes era que MUNA había programado un evento grande para finales de junio: ¡Honduras, Despierta! Además de invitar a diferentes ministros de alabanza, habría tres grupos de entre MUNA. Uno de ellos era Honda & Piedra clásico pero sin mí. Otro era mi equipo de trabajo de Adoremos – los jóvenes de la iglesia local y yo.

Hermana Emma estuvo tan satisfecha con el desempeño de los diversos grupos, que decidió dejarlos así y rotar entre ellos la dirección de la alabanza de las reuniones de domingo en MUNA. En vista de la manera en que estábamos estructurados y de las tareas que el Señor nos tenía desempeñando, decidí que el que tenía 6/7 del Honda & Piedra clásico debería conservar el nombre. Los chicos y yo nos haríamos llamar Adoremos.

Entre el 2012 y 2014 levantamos altares de adoración al Señor en el parque central de las 18 cabeceras de Honduras, dos o tres noches por ciudad. Para el cierre – Tegucigalpa, capital de Honduras – llevamos adoradores de cada departamento que habíamos conocido en nuestro recorrido. Fue un cierre maravilloso, hecho aún más maravilloso porque los invitados aceptaron el reto de recibirnos una vez más en sus ciudades antes de terminar el año. Y en noviembre levantamos 18 altares de adoración simultáneos en los parques centrales.

El año siguiente – 2015 – entrenamos a la congregación local para ir a entrenar adoradores en otras 18 ciudades, y activamos a nuestros colaboradores en las 18 cabeceras. Y en noviembre levantamos 36 altares de adoración simultáneos en los parques centrales.

Mientras todo esto sucedía, también nos dedicamos a grabar las canciones que habíamos escrito durante los entrenamientos o en casa. El lanzamiento de cada CD está ligado al cierre de semestre de la Escuela de Artes que fundamos en 2013 para entrenar adoradores locales. De hecho, estoy escribiendo esto a cuatro días de haber lanzado el quinto CD de Adoremos: MONTES.

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