Paralelo a mi desarrollo estaba el de
Abbie. Resulta que ella se había desenvuelto como actriz en el prestigioso
Círculo Teatral Sampedrano. En cuanto se convirtió, puso sus habilidades a los
pies de Cristo, sirviendo como directora del grupo teatral de MUNA. Nos casamos
en el 2000, y nuestra primogénita Hansi nació en el 2001. Algún tiempo después Abbie
comenzó a laborar para MUNA, como encargada de decoración, mantenimiento, y
similares. Y mientras crecía en gracia ante Dios y ante la congregación, crecía
también en el conocimiento de la danza como medio para adorar al Señor.
Con el tiempo, Abbie y yo comenzamos a dar juntos
una clase de discipulado. Luego pasamos a coordinar un sector de discipulado, y
después todos los grupos. A mediados del 2005, poco antes del nacimiento de
nuestro hijo Ian, nos ungieron como Pastores de Iglesia Piedras Vivas.
Mientras Abbie estaba aún en su reposo
post-natal, yo ataqué el pastorado con toda la inmadurez que podría esperarse
de un ministro verde. Dicen que aprendemos más de nuestros errores que de
nuestros aciertos. ¡Pues, basta decir que aprendí a toneladas! Gracias a Dios,
me encontré rodeado por gente más madura que yo. El Señor, en su infinita gracia,
nos permitió a todos salir vivos de esa temporada.
Entré a la Asociación de Pastores de La
Lima poco antes de la elección de junta directiva, y me nombraron secretario. Para
entonces ya era sabido por otros pastores que el Señor estaba haciendo algo con
nosotros con respecto a la adoración, y algunos me preguntaban si dábamos
clases. Resolví organizar un congreso para compartir con las iglesias de La
Lima todo lo que sabíamos de adoración. Había enseñanzas generales para cualquier
hijo de Dios, otras más específicas para líderes de alabanza, y otras para
pastores. Todo iba acompañado de ejercicios prácticos sencillos. Lo llamé Adoremos.
Como pastor, vi la necesidad de formar
nuevos adoradores en nuestra congregación. Ya había comenzado a formar nuevos
cantores y músicos de entre los jóvenes – y ya estaban ministrando – pero hay
una diferencia entre cantar y adorar; entre ser un músico y ser un adorador. Así
que hicimos Adoremos nuevamente para
la iglesia local.
Posteriormente, el Pastor Edy Bonilla nos
pidió que fuéramos a impartir Adoremos a
su congregación en Yorito, Yoro. Fue la primera vez que salí a impartir con los
chicos, y la primera que recibimos una ofrenda por ello. Poco después, el
Pastor Remo Bardales nos invitó a impartir Adoremos
al grupo de alabanza de Iglesia Piedras Vivas de San Pedro Sula. Luego, a
solicitud del creciente número de hijos ministeriales de MUNA, volvimos a
impartir Adoremos para un grupo
internacional.
Cabe mencionar que para este tiempo, yo
seguía dirigiendo Honda & Piedra. Pero eran como dos grupos en uno. Los
domingos – para la reunión general de MUNA – dirigía con la alineación clásica:
Mirlen, Oscar, Iona, Mari (entonces Martínez,
ahora de Vásquez) y yo; agregando
posteriormente a Aldo Zelaya (hijo de Mirlen) y José Popoff. Pero los viernes –
para la reunión de la iglesia local – dirigía con los jóvenes. Y los CDs
estaban saliendo más o menos alternos: uno de adultos, uno de jóvenes.
A mi manera de ver, levantar nuevas
generaciones que hagan lo que nosotros hacemos – pero mejor – es parte
fundamental de nuestra peregrinación en esta tierra. Con esto en mente, y con
la intención de extendernos más allá, produjimos un CD con canciones escritas
por niños o para niños. Tomando prestada una línea del Salmo 8, lo titulé “De
la Boca de los Niños”. Salió en el 2010 – el año en que nació Joy – y fue el
último CD que grabé con Honda & Piedra.
Por un par de años, el Señor me tuvo
levantando altares de adoración en secreto. Básicamente significa que varios
equipos pequeños visitamos algunos lugares del país, según el Señor señalaba. No había
publicidad, convocatoria, ni mayor logística. El equipo simplemente se
preparaba en oración, iba al lugar a orar y adorar, y regresaba. A veces, el
Espíritu Santo nos ponía en contacto con un pastor local. No siempre
entendíamos por qué lo estábamos haciendo, pero no creo que entenderlo haya
sido la finalidad.
A inicios del 2012 el Señor me habló de
levantarle altares de adoración en el parque central de las 18 cabeceras
departamentales de Honduras. Me daba tres años para realizarlo. Durante los primeros
meses, sólo Abbie y yo lo sabíamos, y la pasamos orando por dirección divina.
Cuando fui a plantearles el proyecto a
Hermano Rigo y Hermana Emma, tuve que abordarlos en la cocina de su casa –
donde son más “papás en pantuflas” que “ministros en misión”. Por un momento
parecía que se levantarían los instintos de protección de los papás que ponen alto
a todo cuando ven que su bebé se va a atorar con un bocado demasiado grande. En
ese preciso instante entró el argentino Daniel Farrace (hoy mi cuñado), con su
característica precisión divina disfrazada de inoportunidad irreverente:
- Y…
¿De qué hablan?
-
Que el Señor me habló de levantarle altar de adoración en el parque central de las
18 cabeceras de Honduras en tres años…
-
¿Ah? Eso mismo es lo que está haciendo Brunet en Argentina. El tipo se va a la
plaza, comienza a adorar, y ¡UF! ¡Ha sido una bendición RE-tremenda!
Tomó un banano (¿o fue una plancha?) y se
fue. Pero nos dejó a todos más tranquilos de que Dios estaba en este asunto.
Además del personal de oficina, mi equipo básico
de trabajo al inicio de este proyecto era el grupo de alabanza de jóvenes, algunos
de los cuales ya estaban desafiando la clasificación tradicional de “jóvenes”. Y
comenzamos a organizar los primeros seis eventos para el segundo semestre del
año. Una razón importante para no iniciar antes era que MUNA había programado
un evento grande para finales de junio: ¡Honduras,
Despierta! Además de invitar a diferentes ministros de alabanza, habría tres
grupos de entre MUNA. Uno de ellos era Honda & Piedra clásico pero sin mí. Otro
era mi equipo de trabajo de Adoremos –
los jóvenes de la iglesia local y yo.
Hermana Emma estuvo tan satisfecha con el
desempeño de los diversos grupos, que decidió dejarlos así y rotar entre ellos la
dirección de la alabanza de las reuniones de domingo en MUNA. En vista de la
manera en que estábamos estructurados y de las tareas que el Señor nos tenía
desempeñando, decidí que el que tenía 6/7 del Honda & Piedra clásico debería
conservar el nombre. Los chicos y yo nos haríamos llamar Adoremos.
Entre el 2012 y 2014 levantamos altares de
adoración al Señor en el parque central de las 18 cabeceras de Honduras, dos o
tres noches por ciudad. Para el cierre – Tegucigalpa, capital de Honduras –
llevamos adoradores de cada departamento que habíamos conocido en nuestro
recorrido. Fue un cierre maravilloso, hecho aún más maravilloso porque los
invitados aceptaron el reto de recibirnos una vez más en sus ciudades antes de
terminar el año. Y en noviembre levantamos 18 altares de adoración simultáneos
en los parques centrales.
El año siguiente – 2015 – entrenamos a la
congregación local para ir a entrenar adoradores en otras 18 ciudades, y
activamos a nuestros colaboradores en las 18 cabeceras. Y en noviembre
levantamos 36 altares de adoración simultáneos en los parques centrales.
Mientras todo esto sucedía, también nos
dedicamos a grabar las canciones que habíamos escrito durante los
entrenamientos o en casa. El lanzamiento de cada CD está ligado al cierre de
semestre de la Escuela de Artes que fundamos en 2013 para entrenar adoradores
locales. De hecho, estoy escribiendo esto a cuatro días de haber lanzado el
quinto CD de Adoremos: MONTES.

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