Wednesday, November 18, 2015

Siervo y Apóstol de Jesucristo (parte 4)

Tomando el consejo de Mamá, de allí en adelante iniciaba mi viaje diario con una corta oración. “Señor te pido que me cuides en la carretera, que me protejas, y que me libres de todo accidente. Amén.” El resto del camino escuchaba las grabaciones de Betty y Verónica. Poco a poco, algo extraño comenzó a suceder: Cada día oraba un poquito más. Al principio era apenas perceptible; pero después de un tiempo me encontré platicando con Dios a lo largo del camino hasta el proyecto.

Estaba yo en los preparativos para fundir la losa de entrepiso de la casa de Mamá cuando llegaron visitas a Ministerio Un Nuevo Amanecer. John y Reneé Parault eran una pareja de ministros estadounidenses que desde hacía muchos años viajaban a Honduras, predicando en iglesias de amigos en el norte y centro del país.

Además de ser un santo varón de Dios, el hermano John era el tipo de hombre al que le gusta hacer cosas con sus manos, y nunca desaprovechaba una oportunidad para aprender algo útil. Enterado de que yo estaba edificando con un sistema constructivo desconocido para él – styrofoam reforzado - pidió conocer el proyecto. Gustosamente le di un recorrido, explicándole todo sobre el diseño, el sistema y los demás materiales. Le interesó mucho que estuviésemos usando bambú para los postes del encofrado de la losa, y acordamos que por la tarde me acompañaría a la ribera del río, donde me habían concedido permiso de cosechar cuanto bambú necesitara.

Sabiendo del aprecio que yo les tenía a los Parault, Mamá me invitó a almorzar con ellos. Naturalmente, la conversación evolucionó hacia asuntos ministeriales. Como la mayoría de las personas que no están en Cristo, yo tenía muchos prejuicios contra los ministros. No contra los Parault, pero contra los ministros en general. De hecho, el hermano John me inspiraba tanta confianza que sentí que él podría responder a algunas de mis querellas.
            - Si se supone que la Biblia ya contiene la Palabra de Dios revelada a los hombres, ¿por qué los ministros siguen escribiendo libros?
            - Si bien tenemos la Biblia, no lo entendemos todo. Dios todavía nos está revelando las verdades de la Biblia. Si alguien recibe revelación de Dios respecto a un asunto, ¿no crees que debería compartirlo con los demás?
            - Bueno… Sí, claro… Pero, ¿por qué los predicadores de hoy hacen todo tan complicado, si Jesús más bien enseñaba en parábolas sencillas para que todos entendieran?
            - Ah, pero estás equivocado, ¿ves? Porque la Biblia dice que Jesús enseñaba en parábolas para que la gente NO entendiera.

Cuando se está construyendo un arco de piedras labradas, se usa un encofrado con la forma del arco. Sobre él se colocan las piezas angulares llamadas dovelas, edificando ambos lados, de abajo hacia arriba. Finalmente se coloca la dovela central, llamada clave. El encofrado puede ahora ser retirado, pues el arco está equilibrado, transmitiendo las cargas desde la clave hacia las demás dovelas hasta las columnas, muro u otra estructura que sostiene el arco. Pero si la clave llega a ser removida, ¡todo el arco colapsa!

Hasta este día, aún no entiendo por qué yo había apostado tanto a la simple idea de que Jesús predicaba para ser entendido por todos. Pero era un nido de soberbia. Una excusa para no escuchar a los predicadores. Una justificación para formar mi propia imagen de Dios y mi propio evangelio; mi propia versión del cielo, y mi propio camino para alcanzarlo. Con sus palabras cargadas de verdad y compasión, el hermano John había retirado la clave de mi arco, y mi visión humanista de Dios se vino abajo.

Esa tarde, mientras los obreros cargaban el bambú al pick-up, el hermano John preguntó si podía orar por mí. En el sector de Guaruma, junto al Río Chamelecón, el ministro de Dios puso su mano sobre mi hombro y elevó una sencilla oración que cambió el curso de mi vida.

Me sentía más cerca de Dios. Tanto, que una mañana se me ocurrió que quizás Dios podría ser más importante que la música. Era como si el Señor estuviera gentilmente pidiéndome que le cediera el trono que hasta ahora ocupaba mi música. Esa mañana hice una oración que cambiaría mi vida para siempre: “Señor, si Tú me lo pidieras… Creo que estaría dispuesto a consagrarte mis habilidades musicales y usar mi equipo de producción exclusivamente para ti…”

No había pasado ni medio día cuando recibí una llamada urgente de San Pedro Sula. Los ladrones habían entrado a mi casa. Se llevaron el televisor, mi colección de CDs, mi equipo de sonido, mi equipo de producción… y a Betty y a Verónica.

1 comment:

  1. Amen. Ciertamente no he terminado de hablar y Dios actúa y toma nuestras palabras....Él es tan caballeroso que solo esta pidiendo una pequeña entrada de nuestra parte para actuar...pero realmente es de estar determinados porque hay un proceso a seguir...

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