Wednesday, July 8, 2015

Dichoso el Siervo (parte 2)

Jesús quería que sus discípulos estuvieran siempre prestos; listos, con la ropa bien puesta y la luz encendida. Atentos como los sirvientes que esperan a que su señor regrese de una boda. Sea que llegue a la medianoche o de madrugada, si el señor encuentra a sus sirvientes preparados para abrirle la puerta, les irá bien. Aquel señor hasta hará que los sirvientes se sienten a la mesa, y él mismo se pondrá a servirles.

El retorno del Hijo del hombre será inesperado. Sus discípulos deberán estar preparados, como un dueño de casa que sabe a qué hora va a llegar el ladrón.

Un señor salió de viaje, dejando a su mayordomo encargado de alimentar a los sirvientes. Si el mayordomo es encontrado cumpliendo fielmente con su deber, será puesto a cargo de toda la propiedad. Pero si es encontrado maltratando a los sirvientes, comiendo y emborrachándose, será castigado severamente y condenado.

De parábolas como éstas Simón entendió que Jesús sostenía a sus seguidores contra un estándar de comportamiento más alto que el de los hombres comunes, los cuales viven para sí mismos y para satisfacer sus propios criterios. Pero Jesús esperaba que los suyos fueran como el sirviente que conoce la voluntad de su señor y se prepara para cumplirla. Jesús mismo había venido a cumplir la voluntad del Padre, dándolo todo por la humanidad. Y al que se le da mucho, se le exigirá mucho; y al que se le confía mucho, se le pedirá aún más.

Cuando entraron en Jerusalén, Jesús iba montado sobre un burrito. La gente hacía una alfombra con sus mantos y con palmas, para que él pasara, en una espléndida celebración. Pero también hubo momentos en que Jesús le reprochaba a la multitud porque sabían pronosticar el clima, pero no los tiempos espirituales. Claramente las multitudes, aunque se maravillaba de sus enseñanzas, no estaban a la altura de su estándar.

Afuera de Betania, Jesús encontró una higuera que no tenía fruto, sólo hojas; y la maldijo:
            - ¡Nadie vuelva jamás a comer fruto de ti!
Sus discípulos lo oyeron. A este punto no les extrañaba que Jesús le hablara a una planta. Lo que no sabían aún era que la higuera simbolizaba a Israel.

Entrando en el templo de Jerusalén, encontraron la algarabía de los procedimientos religiosos. Los peregrinos que venían de lejos cambiaban su dinero en las mesas de los cambistas. Otros compraban palomas para sus sacrificios en los puestos designados. De repente, Jesús comenzó a echar de allí a los que compraban y vendían. Volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y no permitía que nadie atravesara el templo llevando mercancías.
            - ¿Acaso no está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”? Pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones.
Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley lo oyeron. Y como tanta gente lo seguía, tuvieron temor. Por eso comenzaron a buscar la manera de matarlo.

La mañana siguiente pasaron una vez más junto a la higuera, y vieron que se había secado desde las raíces. Asombrado, Simón exclamó:
            - ¡Maestro, mira, se ha secado la higuera que maldijiste!
            - Tengan fe en Dios. Les aseguro que si alguno le dice a este monte: “Quítate de ahí y tírate al mar”, creyendo, sin abrigar la menor duda de que lo que dice sucederá, lo obtendrá. Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán. Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados.

El siervo de Cristo debe ser entendido en cuanto a lo que se espera de él. Y necesita ser diligente en hacerlo fielmente. Pero también tiene que estar listo para el retorno de su Señor, con una limpia conciencia y un corazón puro. ¿Será mucho pedir? No según Jesús.

Mientras reposaban en el monte de los Olivos, frente al templo, Simón, Jacobo, Juan y Andrés abordaron a Jesús en privado, para preguntarle sobre los últimos tiempos. ¿Cuándo sucederá? ¿Cuál será la señal? Jesús les advirtió:
            - Tengan cuidado de que nadie los engañe. Vendrán muchos que, usando mi nombre, dirán: “Yo soy”, y engañarán a muchos. Cuando sepan de guerras y de rumores de guerras, no se alarmen. Es necesario que eso suceda, pero no será todavía el fin. Se levantará nación contra nación, y reino contra reino. Habrá terremotos por todas partes; también habrá hambre. Esto será apenas el comienzo de los dolores.

Muchas otras cosas les dijo Jesús sobre las dificultades que enfrentarían. Tribunales y juicios, arrestos y azotes, odios y traiciones. Pero el que se mantenga firme hasta el fin será salvo.

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