Las enseñanzas de Jesús siempre giraban en torno al Reino de Dios. Pero desde
su transfiguración en el monte, estaban más inclinadas hacia los aspectos
futuros y eternos del Reino de Dios. Al menos así le parecía a Simón. Por eso
le extrañó cuando Jesús comenzó a enseñar a sus discípulos sobre algo tan banal
como la resolución de conflictos.
- Si tu hermano peca
contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado
a tu hermano. Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto
se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. Si se niega a
hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y si incluso a la iglesia no le
hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo.
Jesús prosiguió a enseñarles que todo lo que aten en la tierra queda atado
en el cielo, y que todo lo que desaten en la tierra queda desatado en el cielo.
Además les dijo que si dos se reúnen en su nombre, él está en medio de ellos; y
cualquier cosa que pidan en acuerdo desde la tierra, el Padre se las concede en
el cielo.
Bueno, esto sí le pareció más espiritual
a Simón. ¿Pero qué tenía que ver con lo primero? Simón se acercó a Jesús y
le preguntó:
- Señor, ¿cuántas veces
tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?
- No te digo que hasta
siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Simón recordó a Caín, el hijo de Adán y Eva. Él y su hermano trajeron
ofrendas a Dios, quien vio con agrado la ofrenda de Abel, mas no la de Caín. En
un brote de celos, Caín mató a su hermano. Cuando Dios confrontó el pecado de
Caín y le anunció su castigo, Caín reclamó:
- ¡Mi castigo es demasiado
grande para soportarlo! Me has expulsado de la tierra y de tu presencia; me has
hecho un vagabundo sin hogar. ¡Cualquiera que me encuentre me matará!
- No, porque yo castigaré
siete veces a cualquiera que te mate.
Resulta que Caín tuvo un descendiente llamado Lamec. Éste fue el primer
hombre registrado en tomar para sí dos mujeres; y sus descendientes fueron
nómadas, músicos y herreros. Lamec era soberbio como él sólo, y un día dijo a
sus mujeres:
- Un varón mataré por mi
herida, y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en
verdad setenta veces siete lo será.
Efectivamente, Jesús estaba haciendo alusión a estos dos hombres, separados
de la presencia de Dios por su soberbia y rencor. Para reforzar, les contó una
parábola:
- El reino de los cielos
se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Uno que le debía
miles y miles de monedas de oro, pero no tenía con qué pagar. Así que el señor
mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía,
para saldar la deuda. El siervo se postró delante de él. “Tenga paciencia
conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo.” El señor se compadeció de su siervo,
le perdonó la deuda y lo dejó en libertad.
Al salir, aquel siervo se
encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo
agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. “¡Págame lo que me debes!”, le
exigió. Su compañero se postró delante de él. “Ten paciencia conmigo —le rogó—,
y te lo pagaré.” Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel
hasta que pagara la deuda.
Los demás siervos fueron a
contar lo ocurrido a su señor, quien mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado!
—le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías
tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de
ti?” Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran
hasta que pagara todo lo que debía.
¡Ja! ¿Será que Jesús
sí había estado hablando de las cosas eternas del Reino de Dios después de todo?
¿Que resolver conflictos con el prójimo, por terrenal que parezca, tiene
repercusiones por toda la eternidad? Entonces, como para no dejar duda alguna,
Jesús reforzó:
- Así también mi Padre
celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su
hermano.

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