Friday, July 3, 2015

Dichoso el Siervo (parte 1)

Las enseñanzas de Jesús siempre giraban en torno al Reino de Dios. Pero desde su transfiguración en el monte, estaban más inclinadas hacia los aspectos futuros y eternos del Reino de Dios. Al menos así le parecía a Simón. Por eso le extrañó cuando Jesús comenzó a enseñar a sus discípulos sobre algo tan banal como la resolución de conflictos.
            - Si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. Pero si no, lleva contigo a uno o dos más, para que “todo asunto se resuelva mediante el testimonio de dos o tres testigos”. Si se niega a hacerles caso a ellos, díselo a la iglesia; y si incluso a la iglesia no le hace caso, trátalo como si fuera un incrédulo.

Jesús prosiguió a enseñarles que todo lo que aten en la tierra queda atado en el cielo, y que todo lo que desaten en la tierra queda desatado en el cielo. Además les dijo que si dos se reúnen en su nombre, él está en medio de ellos; y cualquier cosa que pidan en acuerdo desde la tierra, el Padre se las concede en el cielo.

Bueno, esto sí le pareció más espiritual a Simón. ¿Pero qué tenía que ver con lo primero? Simón se acercó a Jesús y le preguntó:
            - Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?
            - No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Simón recordó a Caín, el hijo de Adán y Eva. Él y su hermano trajeron ofrendas a Dios, quien vio con agrado la ofrenda de Abel, mas no la de Caín. En un brote de celos, Caín mató a su hermano. Cuando Dios confrontó el pecado de Caín y le anunció su castigo, Caín reclamó:
            - ¡Mi castigo es demasiado grande para soportarlo! Me has expulsado de la tierra y de tu presencia; me has hecho un vagabundo sin hogar. ¡Cualquiera que me encuentre me matará!
            - No, porque yo castigaré siete veces a cualquiera que te mate.

Resulta que Caín tuvo un descendiente llamado Lamec. Éste fue el primer hombre registrado en tomar para sí dos mujeres; y sus descendientes fueron nómadas, músicos y herreros. Lamec era soberbio como él sólo, y un día dijo a sus mujeres:
            - Un varón mataré por mi herida, y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será.

Efectivamente, Jesús estaba haciendo alusión a estos dos hombres, separados de la presencia de Dios por su soberbia y rencor. Para reforzar, les contó una parábola:
            - El reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Uno que le debía miles y miles de monedas de oro, pero no tenía con qué pagar. Así que el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El siervo se postró delante de él. “Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo.” El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad.
            Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. “¡Págame lo que me debes!”, le exigió. Su compañero se postró delante de él. “Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré.” Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.
            Los demás siervos fueron a contar lo ocurrido a su señor, quien mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía.

¡Ja! ¿Será que Jesús sí había estado hablando de las cosas eternas del Reino de Dios después de todo? ¿Que resolver conflictos con el prójimo, por terrenal que parezca, tiene repercusiones por toda la eternidad? Entonces, como para no dejar duda alguna, Jesús reforzó:
            - Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano.

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